Blues para un tomate de récord

La III edición del ‘Tomate Blues’ burla a la lluvia y protagoniza una jornada de ritmo y sabor en la que se involucró todo el pueblo

el 28 sep 2013 / 21:21 h.

 Los Labios acompasaron su música al sabor del tomate. Los Labios acompasaron su música al sabor del tomate. La asociación cultural Tomate Blues consolida en Los Palacios una cita que aúna su producto estrella con una banda sonora que conquista desde el Parque de los Hermanamientos a aficionados de todas las edades. El objetivo es convertir la cita en un festival con mayúsculas a nivel nacional. Para un pueblo como Los Palacios y Villafranca –equidistante de tantos lugares– la potencia de su sincretismo es también la potencia de su singularidad, y por eso triunfan con cierta facilidad propuestas como la del evento Tomate Blues, con el corazón partío entre el terruño manchonero que colorea, vía telúrica, al bombón colorao que es el mayor orgullo de esta patria chica y la valiente afición de una música que nace en los acompasados gritos del campo de tantos esclavos africanos que encontraron en el sufrimiento americano el patrón preciso para tanta melancolía junta. Por eso, aunque no lo parezca, sí tienen mucho en común el tomate y el blues: por ejemplo, el primero es al gazpacho lo que el segundo al panorama musical que se extiende desde el jazz hasta el country, pasando por el rock and roll. Y a estas alturas de la promoción del bombón colorao, si sesudos estudios acreditan que las vacas dan más leche si escuchan música clásica, ¿quién dice que los tomates no mejoran aquí si se les pone blues? Al menos en la taberna Ancá Domingo, sede de la asociación Tomate Blues, lo creen a pies juntillas. Y por eso llevan tres años sin escatimar esfuerzos para organizar una cita musical que persigue convertirse en “un festival en toda regla, que dure un fin de semana y que sea indispensable para los amantes del blues”, como dice su presidente, Francisco José Calerón, conocido como Kale; un deseo que también comparte el alcalde palaciego, Juan Manuel Valle (IP-IU). La lluvia les jugó ayer una mala pasada, porque es verdad que hubo más público en las pasadas ediciones, pero posponer el evento hubiera supuesto no garantizar la presencia de pesos pesados como Why Not Trio, Edu Manazas, Los Labios o la banda local Dina & The Holy Band, cuya vocalista, Dina Arriaza, participa en el programa de televisión La Voz y ayer hizo las delicias de propios y extraños, pues muchos que no pensaban acudir al evento ni se lo pensaron, sólo por Dina. Al final la tarde cedió al azul tirando a blue y burló a las nubes grises que sólo consiguieron que el espectáculo empezara un poco más tarde de lo previsto. Los asistentes, que fueron creciendo en número hasta superar el millar, disfrutaron entre chubasco y chubasco de la otra tentación que ofrece un festival como este: la fritá de tomates, aunque la lluvia amenazara con convertirla en sopa. No lo consiguió porque, como ya se sabe, la buena música espanta los aguaceros, pero también por el tesón de una asociación en aumento –más de 60 socios– que no se acobardó pese a los peores augurios meteorológicos para el fin de semana. Cuando el tomate se acabó, al blues le quedaba cuerda todavía, porque había muchas ganas entre el público de retar a las nubes, de música de la buena y de vengar la casi suspensión de la jam inicial con generosas dosis de buen ambiente y más tiempo para las bandas, que ofrecieron sus mejores sonidos a familias enteras y generaciones varias –incluso críos, embelesados por animadoras infantiles–, todos unidos por las camisetas negras y el logo de una asociación dispuesta a crear una marca: la del tomate blues. Entre los “camisetas negras”, como denomina Kale a su gente, que es mucha, “los hay con carreras, muy cultos y con ganas de hacer cultura”, dice, y añade: “Que aquí no todo son mulos o santos”. Su queja parte de haber sentido cierta marginación en el panorama cultural, aunque ahora se resarzan, a pesar de hundir sus raíces en otra asociación desaparecida, La Vanguardia Musical, que dinamizó la cultura musical en el pueblo allá por los años 80, montó una de las casetas de feria con más tirón y “trajo a los mejores grupos de entonces”, como recuerda Francisco Ariza, de la directiva de la asociación. “Además fuimos los primeros en promocionar el tomate”, añade este palaciego que, como a la mayoría, le apasiona vender las excelencias de un producto que los manchoneros llevaban siglos cultivando pero que sólo desde hace unos años ha encontrado el filón de representar al pueblo con un nombre propio, Tomate de Los Palacios, una marca nacional para defenderlo de la competencia desleal y de quienes los vendían como si fueran de aquí sin que lo fueran. Gracias a la integración de fuerzas de los últimos tiempos, con Ayuntamiento, Asociación de Productores del Tomate, restaurantes, empresarios y hasta artistas remando en la misma dirección, Los Palacios y Villafranca consiguió el pasado 15 de junio batir el Récord Guiness de la mayor fritá de tomates del mundo, con 2.662 kilos en una sartén extraordinaria, arrebatándole el puesto a una localidad estadounidense. Además, se ha instaurado cada 24 de mayo como el Día del Tomate. “Pero a nosotros se nos ocurrió la originalidad de relacionar el tomate con la música”, dice Kale, quien recuerda que fue en Guillena, donde organizan el Potaje Blues, donde surgió la idea. “Nosotros les llevábamos una cajita de tomates, y fue a mi mujer a quien se le ocurrió”: si allí hacían el blues con su típico potaje, ¿por qué no iban a hacerlo aquí con su exclusivo tomate? En la misma línea de colaboración, las principales cooperativas del pueblo –Frupal, Las Nieves y Parque Norte– colaboran con la materia prima colorá para una fritá con música de fondo. Así se construyó ayer una jornada con sabor a rojo y sonido azul.

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