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Bobby McFerrin: «Nunca sé qué va a pasar en mis conciertos»

El cantante neoyorkino, mundialmente famoso por su himno ‘Don’ t worry, be happy’, actuará este martes (21.00) en el Teatro Cervantes de Málaga en un recital que cuenta con el patrocinio de la Fundación Cajamar

el 24 jul 2010 / 20:30 h.

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Bobby McFerrin
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-Escuchándole, uno se pregunta a veces si hay un límite biológico para ese instrumento que es la voz humana. ¿Existe ese límite, o por el contrario siempre se puede llegar más lejos? ¿Y hasta dónde?

-Creo que esa pregunta debería responderla más bien un científico. Estoy seguro de que hay límites en frecuencia, gama y volumen, y definitivamente existen límites en el oído humano. No sé si hay un límite a la variedad de matices o expresiones que la voz humana puede hacer, pero todavía no lo hemos encontrado.

-En sus conciertos, resulta muy impresionante verle improvisar. ¿Cuál es su técnica? ¿Cómo funciona su cabeza en esos momentos?

-Improvisar para mí es empezar por un sonido y dejarse llevar a otro. Tengo suficiente confianza en mi instrumento y suficiente experiencia en diferentes tipos de música, de modo que me siento cómodo siguiendo a la música allí donde ésta quiera llevarme.

-¿Piensa en algún instrumento concreto cuando canta?

-No, de hecho la mayor parte del tiempo, cuando estoy cantando, no pienso. Lo siento más bien como una función natural, a la manera en que nos sentimos cuando respiramos o caminamos.

-Y cuando sube al escenario con gente como Chick Corea o Richard Bona, ¿hay acuerdos previos, o todo es 100 % improvisación?

-Ambos músicos son naturales improvisadores. Nosotros podemos ir dándonos inconscientemente pistas visuales, o alguna señal de vez en cuando... Pero escuchándonos los unos a los otros es como realmente nos comunicamos y estamos en condiciones de interactuar. Es un lenguaje sin palabras, en realidad. Estamos en una longitud de onda similar. Si preparamos una canción como el Spain de Chick Corea, por ejemplo, todos sabemos que la primera parte deberá sonar familiar para el público, pero a partir de ahí vamos derechos a la improvisación con la idea y la musicalidad de la pieza -lo que quiera que eso signifique- en nuestras cabezas.

-Siendo autodidacta, ha llegado ud. a unos registros espectaculares. ¿Puede alguien más hacer lo mismo sin estudios? ¿Por dónde tendría que empezar?

-Lo que recomiendo es hacerte improvisar a ti mismo durante diez minutos, cada vez que puedas, tirando para adelante sin importar lo que salga. Al cabo de un tiempo, empezarás a oír cómo la música toma forma en tu cabeza y empezarás a ver y a oír qué hay realmente en ella. Desde el punto de vista vocal, los cantantes deberían practicar cantando intervalos de décima para hacer su voz más flexible e incrementar su gama.

-Otra cosa que caracteriza sus conciertos es ese permanente buen rollo. ¿Es la energía positiva un instrumento más, la trabaja de algún modo?

-En realidad no busco particularmente canciones o improvisaciones que suenen con buen rollo. Pero no puedo ocultar que cantar me hace feliz, y especialmente hacerlo ante otra gente, y que la gente cante conmigo. Soy afortunado de tener una maravillosa familia, un hermoso hogar y buenos amigos, así que supongo que todos esos buenos sentimientos acaban haciéndose notar en mi música.

-Por último, ¿qué verá el público español en este concierto? ¿Estará ud. solo, habrá improvisación? ¿Ofrecerá sus temas nuevos, algunos clásicos?

-Empezaré improvisando por mi cuenta. Eso me ayuda a tener una idea del escenario, del público, y también de lo que voy a poder dar esta noche. Después de eso, nadie puede saber. Nunca sé qué canciones voy a hacer antes del concierto, y tampoco sé la forma de improvisación que tomaré. Y muy raramente sé quién va a subir al escenario de entre el público, o si acabaré trabajando con el auditorio entero para crear algo ahí mismo. Eso es parte del encanto. Esperar lo inesperado.

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