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Economía

Borrell advierte de que la ruptura de la Zona Euro es ya una realidad

El presidente del Instituto Universitario Europeo de Florencia, que clausuró por este año el ciclo de Reflexiones sobre Europa, critica que ésta se centre en la austeridad y no en el crecimiento.

el 20 dic 2011 / 20:55 h.

Si la brutal crisis económica que atraviesa toda Europa y que se encamina irremisiblemente hacia la recesión ha dejado algo en evidencia, ha sido, sin duda, las "debilidades y divergencias" del conjunto europeo. Porque Europa ha querido hacer un "experimento peligroso", una unión monetaria sin unión política, y eso ha arrojado unos desastrosos resultados como se está viendo en la respuesta europea a la crisis. La primera consecuencia no es otra que "la ruptura de la Zona Euro, que ya la tenemos".

Josep Borrell, expresidente del Parlamento europeo y actual presidente del Instituto Universitario Europeo de Florencia, fue el encargado de clausurar, por este año, el ciclo de Reflexiones sobre Europa en el marco de Los Diálogos de El Correo, que organiza El Correo de Andalucía con el patrocinio de Cajasol-Banca Cívica. Y lo hizo presentando su libro La crisis del euro, escrito junto al periodista Andreu Missé.
Borrell, que criticó la forma de responder de la UE ante la crisis por su lentitud y la confusión de las medidas, lamentó que Europa no siga los pasos de EEUU con su moneda.

Así, recordó que el euro permitió contar con unos tipos de interés similares en todos los Estados y que los capitales fluyesen. Una fórmula que hizo equiparar los tipos de Grecia a los de Alemania y que los mercados aceptaron durante una década.

Pero a raíz de la crisis griega, cuando "los tipos han divergido y los capitales no fluyen, podemos decir que el euro no funciona. Hemos vuelto a la época pre-euro". Para Borrell el euro sigue cumpliendo su misión como medio de pago pero ha dejado de servir como elemento homogeneizador del sistema financiero.

Por ello, Borrell instó a "hacer como los americanos" y "jugar a devaluar el euro, aunque para eso deberíamos entender que la moneda única es un instrumento político", aseveró.

Además, arremetió contra las limitaciones del Banco Central Europeo (BCE), institución que, en lugar de financiar a los gobiernos, solo se preocupa del control de la inflación. Una actitud totalmente opuesta a la que mantiene su homólogo en EEUU, la Reserva Federal.

A su juicio, el enfoque con el que los países están abordando la crisis es erróneo, pues se están centrando exclusivamente en políticas de austeridad y de control del déficit y el endeudamiento, sin prestar atención a que el verdadero problema de la economía europea es que no crece.

Sin hacer un llamamiento a la indisciplina fiscal -remarcó-, propuso paliar ese problema con la implantación de un impuesto sobre emisiones de carbono y otro a las transacciones financieras con objeto de desarrollar un plan europeo de infraestructuras y empleo que estimulen el crecimiento. Así, defendió que la innovación, la educación, las infraestructuras y la tecnología son los elementos sobre los que pivota el crecimiento, por lo que no se puede debilitar la inversión en estos ámbitos.

Gravar más estas cuestiones pendientes y, luchar de paso contra el cambio climático y pedir cuentas al sistema financiero, y no tanto centrarse en gravar el factor trabajo, recomendó.

Sin embargo, consciente de las dificultades para consensuar ese impuesto a las transacciones financieras, aseveró "que no puede hacerlo solo un país; ni siquiera sé si podríamos hacerlo solo en Europa", e ironizó con que en España ni siquiera "somos capaces de cambiar el sistema de tarificación de la electricidad".

El expresidente del Parlamento europeo incidió en que fue "la crisis la que creó el déficit y no al revés" y recordó que países como España e Irlanda, el primero en el centro de la diana de los mercados y el segundo intervenido, no tenían problemas fiscales cuando se desató la actual coyuntura, pues hasta entonces habían sido "ejemplos de Maastricht".

Para empezar, el primer gran error ha sido, en opinión de Josep Borrell, la reacción ante la crisis griega. ¿Cómo es posible que un pequeño país, que apenas representa el 2% del PIB europeo, amenace al euro?, se preguntó. "A los griegos, más que ayudarles, los hemos querido castigar". Al menos, aseveró, no se puede considerar un salvavidas ofrecerle préstamos al 7% de interés a un plazo de dos años, remarcó. La prueba está en que ahora el interés que pagan es la mitad que ése y que los bancos no han tenido más remedio que condonar la mitad de lo prestado.

En el caso de España, Borrell consideró que sus principales problemas hay que buscarlos en un endeudamiento privado "brutal" y en la escasa productividad de su economía, que no ha crecido en diez años, agregó, salvo porque había más gente trabajando. Aun así, lo hizo un escaso 0,2% frente a la tasa superior al 2% de Francia, por ejemplo.

"No hay solución milagrosa" -se refería a la ingente tarea que le espera al nuevo presidente del Gobierno, Mariano Rajoy-, pero si fuera él lo primero que haría sería "ir a ver a Angela Merkel y la convencería de que las cosas requieren su tiempo y los ajustes no son fáciles. No es posible hacer todos los ajustes a la vez y a la misma velocidad".

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