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Bucles melancólicos del lenguaje

Hace muchos años, el único resto de lenguaje arcaico era ese Vuesamerced con el que los hermanos del Silencio se trataban hasta en una tertulia con vino y olivas en la casa de hermandad.

el 15 sep 2009 / 02:02 h.

Hace muchos años, el único resto de lenguaje arcaico era ese Vuesamerced con el que los hermanos del Silencio se trataban hasta en una tertulia con vino y olivas en la casa de hermandad. Ahora muchas palabras en desuso han vuelto y nos amenazan con instalarse en la vida cotidiana. Sevilla siempre fue madre y maestra en eso de las jergas. Hizo cristalizar la taurina que todos cuantos foráneos llegados a la Maestranza se esfuerzan en retener; se inventó también la que acompaña inevitablemente a todo aficionado al flamenco que se precie y en esto de las cofradías ya va por la tercera o la cuarta porque para eso es, de las tres aficiones, la más participativa y la más barata.

Antes esos lenguajes tendían a lo críptico, hoy a lo ceremonioso; la culpa la tiene, en parte, la lluvia porque, cuando la cofradía no sale, la tele y la radio están dentro de la iglesia y nos transmiten en las palabras de todo el que habla que la cofradía no hará estación a la Santa Metropolitana y Patriarcal Iglesia, que allí está Su Eminencia Reverendísima acompañada por alguien de la Venerable Orden Seráfica? Y eso se pega. El taxista me dice que su hijo sale en "Columna y Azotes" pero que es pequeño y lo recogerá cuando salga de la Santa Catedral. Lo dice tan normal, como si hubiera salido de La Vida del Buscón llamado Don Pablos, de Quevedo; bueno, de Don Francisco de Quevedo. Faltaría más.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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