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Bush teme a la historia

George W. Bush pensó ayer en sí mismo como en un nombre en los libros de historia y en su última rueda de prensa como presidente de EEUU intentó dar forma a su paso por la Casa Blanca con la admisión de algunos errores. Foto: EFE.

el 15 sep 2009 / 21:04 h.

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George W. Bush pensó ayer en sí mismo como en un nombre en los libros de historia y en su última rueda de prensa como presidente de EEUU intentó dar forma a su paso por la Casa Blanca con la admisión de algunos errores.

Un Bush meditabundo y a veces combativo compareció ante los periodistas con bromas y un manto de nostalgia, a ocho días de entregar la llave de la oficina más poderosa del mundo a Barack Obama. No mostró grietas en algunas de sus decisiones, que defendió con energía, como la política en Irak y la guerra contra el terrorismo. Pero en otras mostró claroscuros y reconoció errores, como el canto de victoria prematuro en Irak, reflejado en una pancarta colgada de un buque en 2003, un mes después de la invasión la invasión. "Claramente poner Misión cumplida en un portaaviones fue un error. Envió el mensaje equivocado", dijo.

"Abu Ghraib, obviamente, fue una gran decepción durante mi presidencia", reconoció también Bush. El presidente sostuvo que las torturas cometidas en esa cárcel bagdadí fueron obra de un puñado de soldados y ningún militar de alto rango fue procesado por ellas. Otro de los puntos oscuros de su mandato fue la ausencia de armas de destrucción masiva en Irak, la razón que él esgrimió para justificar la invasión de ese país. "No sé si se quiere llamar a eso errores o no, pero fueron cosas que no marcharon de acuerdo con los planes", manifestó.

El gobernante no entonó el mea culpa, en cambio, sobre la respuesta al huracán Katrina, que arrasó Nueva Orleans en 2005. Bush, que fue criticado por tardar cinco días en visitar la zona, afirmó que aterrizar personalmente en esa ciudad o las inmediaciones habría requerido usar la Policía para protegerle a él y no para auxiliar a las víctimas. Negó que la respuesta federal fuera lenta, pero aun así admitió: "¿Podrían haberse hecho mejor las cosas? Absolutamente sí".

A su partido le pidió ser abierto para reponerse de la derrota electoral y alertó de que la oposición mayoritaria a la reforma migratoria ha llevado a concluir que "a los republicanos no les gustan los inmigrantes".

Tanto en la rueda de prensa, como en una serie de entrevistas largas concedidas en los últimos días, Bush pidió examinar su presidencia en su totalidad y dejar a los historiadores tiempo para ver el impacto de sus políticas. Esa preocupación con su "legado" es una debilidad típica de los mandatarios de EEUU en vísperas de su salida y con la mente en el contenido de su biblioteca presidencial más que en otro asunto. La de Bush estará en la Universidad Metodista del Sur en Dallas y en ella el presidente espera que se valoren lo que considera sus logros de los ocho años.

Amenaza terrorista. Bush defendió con brío su política en Irak, que definirá su presidencia como ningún otro tema, y su decisión de enviar más tropas allí en 2007. También justificó las medidas para proteger al país tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, que para sus críticos violaron los derechos constitucionales. Pero Bush les recordó: "¿Se acuerdan de cómo eran las cosas por aquí tras el 11 de septiembre?" Y negó "enérgicamente" que la prisión de Guantánamo y los interrogatorios bajo lo que muchos letrados consideran tortura hayan dañado "la posición moral" de EEUU en el mundo.

A Bush le costó explicar qué hará tras la presidencia. "No me imagino con un gorro grande de paja y una camisa hawaiana sentado en una playa, especialmente porque ya no bebo". El día 21 de enero se levantará en su rancho de Crawford y hará café para su esposa, Laura, dijo, y "será una sensación diferente, ya diré cómo es cuando la sienta".

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