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Cada una de las 24.741 personas

La frialdad de los números no deja sentir el latido de lo que se esconde debajo de cada unidad. Pocas noticias podían confortarnos tanto como el de la cifra que encabeza este artículo: 24.741 personas en que ha descendido el paro durante el mes de mayo...

el 16 sep 2009 / 03:41 h.

La frialdad de los números no deja sentir el latido de lo que se esconde debajo de cada unidad. Pocas noticias podían confortarnos tanto como el de la cifra que encabeza este artículo: 24.741 personas en que ha descendido el paro durante el mes de mayo, de las cuales 7.346 son residentes en Andalucía.

Parece un lugar común esa cuestión recurrente que nos planteamos ante las estadísticas del desempleo, y lo es, pero no podemos olvidar ni por un momento que detrás de cada uno se esconde seguramente un drama familiar, las privaciones e incluso el hambre. Este último mayo florido ha llevado al menos a esas miles de familias el pan de cada día y la sensación de ser útiles para el trabajo que hasta ahora les negaba la crisis económica. Si además el dato es el primero positivo en los catorce últimos meses, es posible que estemos acariciando el principio de una recuperación que en ningún caso será rápida.

Ni desgraciadamente tan optimista para las 3.620.139 personas que continúan engrosando las fatídicas listas del paro. De esa apabullante cifra, a Andalucía le corresponden 789.121 trabajadores sin empleo. De consolidarse el punto de inflexión anunciado ayer podríamos estar ante el inicial remedio al asunto que más preocupa a los españoles según todas las encuestas. Esa escalada hacia los cuatro millones a nivel nacional y hacia el millón en nuestra Comunidad Autónoma parece cuando menos haberse ralentizado para emprender -queremos creerlo- una línea ascendente que lleve de nuevo tranquilidad a los millones de hogares españoles que con tanta dureza están viendo la peor cara de una crisis sin precedentes en nuestras generaciones.

No puede haber ninguna otra prioridad para el Gobierno en materia económica que la de implicarse a fondo en la solución del problema más lacerante, el del desempleo, que azota a la sociedad española con más rigor que al resto de la comunidad europea. Y es que a las reformas que necesita nuestra economía le sucede como a tantos otros asuntos cuyos beneficios políticos no se notan a corto plazo. Porque serán necesarias varias legislaturas para que los cambios que presumiblemente se hiciesen hoy en nuestro modelo productivo den sus frutos en una secuencia de cuatro años.

Cualquier observador de la coyuntura comprueba, sin embargo, cómo a todos los políticos se les llena la boca con promesas de reformas profundas en nuestra estructura económica, pero nadie le pone el cascabel al gato. Una vez más hay que invocar el pacto entre los dos grandes partidos nacionales para que tales cambios sean posibles. Aunque parezca que le estamos pidiendo peras al olmo.

El próximo domingo tenemos elecciones europeas, y hasta 2011 (municipales y autonómicas donde toque) habrá un largo período sin urnas en el que sería factible y deseable acordar cuestiones que no se pueden ni plantear en medio del fragor de las campañas. Aunque pequemos de ilusos debemos decir y decimos que asuntos como la crisis económica, la reforma del sistema judicial y la educación de calidad igual para todos los españoles deberían estar en las agendas de Zapatero y de Rajoy.

Periodista

gimenezaleman@gmail.com

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