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Cultura

"Cada vez que me siento a escribir, me pongo una máscara"

‘Inma la estrecha no quiere mi amor’ es la primera incursión de Diego Vaya en el terreno de la novela corta

el 10 dic 2011 / 20:35 h.

Los exbéticos Nano y Juanlu celebran el definitivo 1-0.
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Diego Vaya (Sevilla, 1980) es de esos escritores que prefieren no pasar dos veces por el mismo sitio. Conocido hasta ahora como poeta gracias a títulos como Las sombras del agua o El libro del viento, así como por su tarea como editor al frente del sello Sim Libros -junto a Jaime Galbarro-, este joven profesor de Secundaria recién casado decidió, después de varias intentonas frustradas, que era la hora de debutar en narrativa. Y lo ha hecho con un título tan llamativo como Inma la estrecha no quiere mi amor, que acaba de ver la luz en La Isla de Siltolá.

"En realidad, empecé escribiendo prosa desde muy pequeño", aclara Vaya. "Hice como cuatro o cinco novelas, pero soy pudoroso y se quedaron en el cajón. Hasta que se me ocurrió una historia protagonizada por un tío que no folla con su novia y al final tiene un hijo de otro. Por en medio se me cruzó el Lazarillo, y me salió una novela picaresca posmoderna. Ya demostró Borges que las hibridaciones son buenas", agrega.

Aunque valga como resumen, hay que señalar que estas escasas ciento y pico páginas contienen mucho más: a partir de unos personajes deliberadamente estereotipados, el autor se las apaña para urdir un juego de apariencias que alberga sorpresa final. "Los personajes, el suegro fascista, la suegra ultracatólica, el jefe comunista, son planos adrede. Al final, ninguno es tan así como parece, todos se traicionan a sí mismos, y en las cinco o seis últimas páginas todo explota", anticipa Diego Vaya.   

El cambio del verso a la prosa no parece haberle supuesto mayor problema, "porque cuando vienes de la poesía, las distancias cortas no cuestan tanto", y de hecho prefiere la intensidad de lo breve en literatura.

Asimismo, el sevillano comparte la extendida opinión de que en las letras españolas se echa en falta un poco de humor. "Hay muy poquitos que lo practiquen, parece que a la gente le gusta escribir más bien dramones. Y no digamos de la picaresca, un género muy descuidado, con contadas excepciones como El novio del mundo, de Felipe Benítez Reyes. Yo entiendo que estamos en crisis, pero ¿por qué no reírnos un rato? Cuando hay crisis, las minifaldas suben y se acortan..."

Vaya asegura "no pensar en el lector cuando escribo, por puro egoísmo", y con esa determinación tiene ya empezadas dos nuevas novelas, eso sí, muy diferentes a Inma la estrecha... "Cada vez que me siento a escribir, me pongo una máscara distinta. Si pensara en escribir dos veces el mismo libro, me aburriría demasiado", dice.

Por otro lado, el escritor demuestra que su desenfado no está reñido con su sentido de la solidaridad, y ha decidido donar íntegramente los derechos de este libro al Comedor Social de la calle Pagés del Corro. "Colaboramos con ellos desde hace un par de años, y aunque estemos en época de crisis, todos podemos aportar nuestro granito de arena. Ahora que por las circunstancias han tenido que pasar de preparar 300 comidas diarias a 600, no lo dudé a la hora de decirle al editor que la cuestión de los derechos era una de las condiciones".

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