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"Caímos con la construcción y ahora nos dan otro palo con las renovables"

Alfonso Fernández de Peñaranda es gerente de Fermupe, una empresa vinculada a las obras, que se reinventó tras el pinchazo patentando un sistema de limpieza para plantas solares.

el 28 abr 2012 / 19:14 h.

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El primer Fernández de Peñaranda nacido en Fuentes de Andalucía del que hay constancia se remonta a 1704, se llamaba Lope e inició una saga de emprendedores. Su actividad, una plantación de morera. Muchos descendientes de esta familia aún viven en Fuentes y "casi todos tienen negocio, unos con más fortuna que otros". A Alfonso, 64 años, le ha tocado vivir el momento más dulce y amargo del boom de la construcción. Su empresa ha sobrevivido girando el rumbo hacia las renovables a base de creatividad e innovación.

-¿Cómo arranca su historia?

-La empresa nació a finales de los 70 y durante veinte años nos dedicamos al repuesto de maquinaria agrícola industrial. Entonces llegó la Expo y, con ella, en 1989 el desdoblamiento de la Nacional IV. Empezamos así a trabajar con las grandes constructoras que nos pedían que le suministráramos de todo: desde rodamientos, tornillos, ropa industrial a barandillas, vallados y estructuras. Y por ahí incorporamos la carpintería metálica en 1993 porque al principio trabajábamos con talleres auxiliares.

-Se inicia una época de auténtico boom constructor...

-Se acaba esa obra, pero ya teníamos contactos con otras grandes empresas. Empezamos a fabricar vallas de cerramiento de obras porque en España había pocos fabricantes y se importaban de Francia. Así surgió una nueva línea de negocio, el alquiler de las vallas. En 2000 decidimos centrarnos en vender y ampliar el catálogo a barandillas, herrajes, escaleras... Los clientes eran más numerosos y estaban más repartidos por el país. Incluso los teníamos en Portugal y Francia.

-Y entonces estalla la crisis...

-En 2008 llega la crisis y nos coge por todo el medio. Imagina para el gremio al que le trabajábamos. Nos destrozó las ventas. Veníamos además de cambiar de instalaciones en 2003, de un local de 1.000 metros cuadrados a una parcela de 40.000 metros en el polígono con varias naves, de pintura en polvo, de células robotizadas de soldadura... Hasta entonces se trabajaba a tres turnos.

-¿En cifras cómo se tradujo?

-Pasamos de una facturación de 5,8 millones de euros a los 1,3 millones en que estamos ahora.

-¿Y cómo afronta ese parón repentino y tan brusco?

-Justo en esa fecha Torresol Energy monta la planta termosolar en Fuentes de Andalucía y se vuelve a repetir la historia. Empezamos a trabajar con ellos con el suministro de hierro, estructuras y encofrados para la torre. A raíz de esa colaboración nos damos cuenta de que una de las cosas que podía funcionar para el futuro era el mantenimiento y la limpieza de los espejos de la planta, que tiene una vida útil de 25-30 años de media.

-¿Cómo toma forma esa idea?

-Ésta es una empresa familiar, donde somos socios mi mujer, mis tres hijos y yo. Lo consultamos con la familia y a todos les pareció una idea extraordinaria. Así fue como nos metimos en el desarrolllo de una boquilla rotativa y se empezó a diseñar y fabricar la máquina. Se desmontó varias veces hasta que funcionó y empezamos la labor comercial. Visitamos todas las plantas termosolares de Torresol, Acciona, Abengoa, Cobra, entre otras, de Sevilla, Badajoz, Cádiz y Córdoba, haciendo demostraciones y enseñando lo que ofrecíamos.

-Un sistema de diseño propio que desembocó en una patente y en contratos con grandes como Torresol Energy y Acciona...

-En aquellas fechas había dos fabricantes de vehículos de limpieza de este tipo. Uno solo aplicaba agua a presión y el otro lo hacía con una especie de rulo o cepillo. Nosotros lo que planteamos fue lo siguiente: tenemos que limpiar más que el agua a presión pero sin poder tocar el espejo, porque si lo tocamos, la propia suciedad que acumula puede arañar el espejo. Indagando soluciones encontramos unas boquillas rotativas que lanzan chorros de agua con cierto ángulo sobre el cristal y así se consigue un efecto espátula, que arranca más suciedad y hace una doble pasada. Supuso una mejora importante respecto a lo que había.

-¿Cuánto tiempo y dinero les costó desarrollar la idea?

-La inversión en material fue de unos 180.000 euros, que era el riesgo que corríamos si nos equivocábamos y el tiempo de desarrollo, entre ocho y diez meses.

-Han sufrido el pinchazo de la construcción. ¿Temen revivir algo parecido por la moratoria del Gobierno con las renovables?

-Eso nos preocupa y mucho porque habíamos encontrado algo que iba a solucionar el problema de la construcción y nos dan un palo. Ahora, si queremos más negocio, tenemos que irnos al extranjero. Si el Gobierno propusiera menos primas a las renovables, pero sin quitarlas, se seguirían montando. Es una energía que ya se está abaratando y llegará el día en que se montará sin primas. Se ha avanzado mucho con estas tecnologías en los últimos años y si se hicieran más, se continuarían abaratando los procesos.

-¿Cree que es justo que se le eche buena parte de la culpa de las subidas de la luz al desarrollo de las energías verdes?

-Ahí hay muchos intereses. Yo me acuerdo que me contaban que los primeros espejos que pusieron en las plantas se los pedían a una fábrica de lunas de coches. Aquello era inasumible. Hoy un espejo vale unos 90 euros.

-¿Qué otras líneas de negocio mantienen abiertas?

-La venta de maquinaria para limpiar, el servicio esporádico o integral y el mantenimiento de suelos. Un campo solar tiene entre 150 y 200 hectáreas, si se deja crecer la hierba en verano hay un riesgo de incendio grandísimo. Además, mantenemos la nave de soldadura y hacemos material ganadero como parideras de cochinos, fabricamos barandillas, rejas, cancelas y hemos diversificado haciendo pistas de pádel. Intentamos que ninguna actividad tenga un peso fundamental.

-¿La creatividad es la única base para remontar?

-Es la única forma. Ahora buscamos un sistema más eficiente, que consuma menos agua.

-¿La lección de la crisis?

-Endeudarnos menos y tener los negocios más controlados y que puedas dominarlos. Nada es eterno, aunque en las épocas buenas lo pareciera.

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