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Caixaforum Madrid

Hace unos veinte años, más o menos, me hallaba estudiando en Madrid y compartía piso junto a unos amigos. Una de nuestras diversiones favoritas era asomarnos al balcón para ver lo que pasaba en el edificio de enfrente: la Central Eléctrica del Mediodía, una antigua planta generadora de energía...

el 16 sep 2009 / 00:17 h.

Hace unos veinte años, más o menos, me hallaba estudiando en Madrid y compartía piso junto a unos amigos. Una de nuestras diversiones favoritas era asomarnos al balcón para ver lo que pasaba en el edificio de enfrente: la Central Eléctrica del Mediodía, una antigua planta generadora de energía situada en el casco histórico de la ciudad, justo detrás de la vieja gasolinera del Paseo del Prado.

El inmueble se encontraba okupado. Por aquella época, los okupas eran principalmente punkies; su modus vivendi nos parecía asombroso, por desconcertante e inaudito. Los fines de semana, sobre todo, se veía un gran trasiego de gente entrando y saliendo a cualquier hora, y lo mismo dormían de día y montaban grandes jolgorios por la noche, que al revés.

En el inmenso edificio vacío, el eco de las risotadas resultaba espeluznante. Pero de lo que más me acuerdo es de las sombras: como se alumbraban con velas, las siluetas -muchas de ellas con crestas- se proyectaban contra la pared de enfrente y las veíamos tanto permanecer un rato quietas como agitarse con rápidos y esquivos movimientos, a veces a un tamaño más o menos normal y otras a un tamaño enorme. Aquello era un espectáculo, una especie de representación de sombras chinescas que recordaba a películas del expresionismo alemán como El gabinete del Doctor Caligari, Nosferatu, El Golem o Metrópolis.

Imposible imaginar por aquel entonces un destino mejor para el edificio, una joya de la arquitectura industrial de finales del siglo XIX. En 2001 fue adquirido por la Fundación La Caixa, que encargó el proyecto de rehabilitación a los arquitectos suizos Herzog&de Meuron. El resultado final es extraordinario: la antigua fábrica de energía, que conserva casi intacta la singularidad y belleza de su fachada de ladrillos, parece que flota ahora en el aire, suspendida entre el espacio abierto de la plaza por la que se accede y la elegante estructura de acero perforado que la corona. Arquitectura de excelente calidad que, además, goza de gran aceptación pública.

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