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Cajas poco politizadas

No se preocupe usted demasiado si nunca ha tenido claro qué son exactamente las cajas de ahorro, si no es capaz de decir si son banca pública, banca mixta, fundaciones público-privadas, etc. Igual de poco claro lo tenía el Tribunal Constitucional cuando...

el 15 sep 2009 / 23:00 h.

No se preocupe usted demasiado si nunca ha tenido claro qué son exactamente las cajas de ahorro, si no es capaz de decir si son banca pública, banca mixta, fundaciones público-privadas, etc. Igual de poco claro lo tenía el Tribunal Constitucional cuando en la sentencia de 1988 las definió como "instituciones atípicas".

La impresión es que no disponemos de un concepto de uso corriente para definir a las cajas de ahorro en la misma medida que si los tenemos para otro tipo de personas jurídicas. De esta manera, para hacerse una idea de su peculiar identidad no queda más remedio que repasar, primero, su evolución histórica, y observar cómo nacieron a partir de los Montes de Piedad (cuyo objetivo era luchar contra la usura concediendo créditos sin interés a los más humildes, microcréditos los llamaríamos hoy) y de las Cajas de Ahorro, orientadas precisamente a fomentar el ahorro popular. Desde el primer momento estas entidades estuvieron sometidas a control público y se orientaron, no hacia fines de lucro, sino a fines de beneficiencia o sociales.

En segundo lugar, conviene esbozar su régimen jurídico. Lo más destacado es que las cajas de ahorro no tienen propietarios ni capital social, pero, como sabemos, sí están sometidas al control de alguien. Estos directivos serían, en la práctica, sus dueños. El proceso a través del cual acceden a dicho puesto viene regulado en una ley estatal, complementada por la respectiva norma autonómica. En el caso de Andalucía, muy similar al de otras regiones, los representantes tanto de la Asamblea General como del Consejo de Administración de las cajas son nombrados, en diferentes proporciones, por el Parlamento andaluz, los ayuntamientos, las asambleas de impositores, los representantes de los empleados, y, en su caso, los fundadores. Así pues, puede muy bien decirse que las cajas están controladas en gran medida por los representantes políticos, pero también es verdad que es francamente difícil que una sola institución, como sería un parlamento autonómico, no hablemos ya un gobierno autonómico, tenga el control efectivo de una caja de ahorros.

Expongo todo lo anterior para que cada cual decida si tienen coherencia las acusaciones que, en las últimas semanas, inciden en la excesiva politización de las cajas de ahorro. Lo más sorprendente ha sido la manera en que la mismísima CECA reclamaba a los poderes públicos reformas legales que mitiguen esa politización. Lo que, entre paréntesis, no deja de ser una nota simpática cuando el debate público a nivel mundial gira en torno a si la nacionalización de la banca privada es más o menos inminente.

Mi interpretación es que la cruda batalla que se está planteando en Caja Madrid, que uno no sabría si llamar política (al fin y al cabo, no es fruto de un enfrentamiento entre dos partidos, sino en el seno del partido hegemónico en la región), ha obligado incluso a la patronal del sector a salir a la palestra con lo primero que tenían a mano sin pararse a pensar.

Sin pararse a pensar, entre otras cosas, que ellos mismos han sido nombrados por instituciones (políticas, democráticas) que no pueden razonablemente renunciar a su poder de decisión. Ya puestos, la CECA reclamaba para sus asociados el "principio constitucional de autonomía empresarial". Sin embargo, no recuerdan que el acceso a la función pública ha de regularse de acuerdo con los no menos constitucionales principios de igualdad, mérito y capacidad, que en su caso se ha esquivado. Pero no es eso lo que se reclama. No será que pretenden aplicarse algo parecido a lo que Wittgenstein decía al final del Tractatus: "Mis proposiciones son esclarecedoras de este modo: quien me comprende acaba por reconocer que carecen de sentido, pero siempre que el que comprenda haya salido de ellas a través de ellas. (Debe, pues, por así decirlo, tirar la escalera después de haber subido)".

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