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Caluroso saludo de las embajadas rocieras a la Virgen

Bajo un sofocante calor, las 107 filiales desfilaron ante el santuario.

el 22 may 2010 / 11:52 h.

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El tesoro de El Rocío: los rocieros.

Bajo un intenso calor, que restó cierta afluencia de público, la aldea de El Rocío vivió ayer el primer acto oficial de la Romería con la presentación de las 107 filiales ante la Blanca Paloma. De nuevo, la puerta mayor del santuario se convirtió en el epicentro emocional de la jornada sabatina, por donde desfilaron durante casi doce horas consecutivas un rosario de hermandades venidas de toda la geografía nacional en una incomparable explosión de colorido.

Desde el mediodía hasta casi la madrugada, entre el repique jubiloso de las campanas del santuario, el balcón de las Marismas se convierte en una incesante pasarela de patrias chicas rocieras que ofrecen a la Virgen sus mejores cantes y plegarias.

La liturgia de la presentación es la misma para las 107 hermandades. Arropadas por un batallón de peregrinos, cada una de las corporaciones detiene la carreta del Simpecado ante la rampa de acceso al santuario. Suena la Marcha Real. Estallan los aplausos y se suceden los vítores a la Virgen.

El carrusel de presentaciones lo inauguró, pasada la hora del Ángelus, la más antigua de las filiales, Villamanrique, tiñendo de rojos colores esta blanca Catedral de los rocieros. Rojo en sus flores y en las cintas que cuelgan del techo de la carreta. Hasta los radios de las ruedas que abrazan el cajón del carro han recibidos brochazos rojos. De portar el banderín real se encargó en esta ocasión la princesa María da Gloria de Orleans-Braganza.

Con el termómetro buscando los 30 grados, la nutrida representación de la hermandad Matriz encargada de dar la bienvenida a las hermandades aguanta estoicamente a pie quieto bajo la venera del santuario. De vez en cuando, algún auxiliar de la hermandad hacía las veces de aguaor para aliviar los efectos de la subida del mercurio.

A la Más Antigua de las filiales le siguió la hermandad de Pilas, con su carreta adornada con flores de múltiples colores y con codales de cera verde natural en sus candelabros. Y tras la embajada pileña, la primera filial de la provincia de Huelva, La Palma del Condado, cuya carreta, auténtico monumento nacional, no puede ocultar la mano de Joaquín Castilla en su traza. Le sigue el carretón de Moguer, que a lo lejos parece inclinarse en una reverencia a la Virgen a la par que su yunta se arrodilla ante la rampa de acceso al santuario. A los peregrinos de Sanlúcar de Barrameda les acompaña la alcaldesa de Cádiz, Teófila Martínez, que luego hace doblete con Cádiz.

Mientras llega Triana, las conversaciones derivan en torno a si la crisis ha hecho mella en la afluencia de romeros. Parece que hay menos público que otros años contemplando este espectáculo, sin embargo, las embajadas rocieras que acompañan a cada una de las hermandades mantienen bien alto el pabellón.

Y en éstas que por la calle Las Carretas asomaron los primeros jinetes de Triana, los únicos que tercian sus monturas hacia la Virgen en una indudable señal de señorío rociero.

La expectación es enorme. Ellos son sólo la avanzadilla de la legión de romeros que, llegados directamente desde los caminos, con los rostros dorados por el sol, con el pelo grasiento de las penalidades de los senderos, no se separan ni un milímetro de la carreta de plata que labrara Armenta. Recuperado de sus achaques, el hermano mayor de Triana, Manuel Alcantarilla, desciende de su cabalgadura para fundirse en un abrazo con la representación almonteña. Se suceden los vivas a la Virgen, a Triana, a España y Andalucía. Con sus varas rematadas con romero y un mar de sombreros al aire, los peregrinos de Triana alcanzan la meta soñada, aprietan los dientes y se ponen de puntillas para recibir, aunque sólo sea por un segundo, el fogonazo dorado del retablo de la Virgen.

Y suena el himno popular de los trianeros: "Aquí estamos otra vez, para decirte que te queremos otra vez...". Fue uno de los momentos más álgidos de una presentación que tuvo a La Puebla del Río y a Coria como protagonistas de un saludo conjunto a la Blanca Paloma y que vio el nacimiento de una nueva hermandad, la 107, llegada desde Pozuelo de Alarcón.


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