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Camarero, hay un bicho en mi sopa

el 16 oct 2011 / 19:06 h.

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Las terrazas y las mesas cercanas a los baños y a la calle son las preferidas por los cacos de la comida.

Introducir una cucaracha en la sopa, simular un desmayo o distraer al camarero con cien excusas diferentes son argucias más que conocidas que suele poner en práctica el sinpa término utilizado para referirse a esa tribu de listillos que tienen por afición (o necesidad) marcharse sin pagar de bares y restaurantes.

Los impagos de mesa y mantel suponen una de las ronchas económicas más notables que padece el sector de la hostelería. José Andrés Navarro, propietario del sevillano Restaurante Gaia, reconoce que "resulta prácticamente imposible identificar de antemano al malhechor". Una idílica parejita puede transformarse después del sorbete de mandarina en un par de cacos sin escrúpulos que huyen con la barriga llena. Y un señor bien trajeado también es capaz de marcharse como si tal cosa. En estos perfiles coinciden también otros camareros de locales como Vips (en República Argentina), Bar El Pilar (en la Puerta Osario) o el Restaurante Sakura (en Nervión), donde prefieren no entrar en detalles para no alentar a quienes se estén pensando en convertirse en un Al Capone. Porque al simpa le vale todo a la hora de comer y no pagar. Ya sea gastronomía vegetariana, española o japonesa. Lo importante es irse con el estómago satisfecho y la cartera intacta.

Existen perfiles de victimología: especialmente afecta a los restaurantes más grandes y también a las áreas de servicio en carretera. Del mismo modo, los ubicados en ciudades son más estafados que los restaurantes en pueblos donde todo el mundo se conoce. También son pasto del pillaje aquellos que tienen terrazas ya que el camarero no tiene la misma presencialidad que en el interior del local y se ausenta durante más minutos. La lista de tretas para zafarse de soltar los euros va camino de ser interminable. El libro de reclamaciones es un método utilizado con frecuencia, especialmente en locales de cuatro estrellas y restaurantes de alta gama acostumbrados a vender su prestigio y nombre de marca. Algunos comensales solicitan el libro de reclamaciones aún estando satisfechos con el servicio sabiendo que les harán una rebaja considerable si deciden no escribir en él.

Los reclamadores expertos han proliferado -aseguran algunos propietarios de restaurantes sevillanos-y son capaces de introducir insectos de distinta naturaleza en la sopa para enojarse y no abonar la factura o arrojar una colilla en el interior de una lata de bebida para mostrarla indignado al camarero y reivindicar una indemnización.
El truco del cigarro es otro de los más practicados pero también más conocidos por camareros, aprovechando la reciente legislación que prohibe fumar en espacios públicos muchos comensales se van sin pagar ausentándose del local bajo la excusa de fumar un cigarrillo en el exterior.

Algunos usuarios exhiben sus acciones grabando vídeos que luego cuelgan en YouTube, justamente en algunos de estos se dan a conocer trucos y procedimientos que luego se cuelgan en Internet como si de un trofeo se tratara.

La Agencia para la Picaresca (no es una broma, existe) también alerta sobre la aparición de distintos blogs y foros dedicados a divulgar consejos para no pagar en distintos establecimientos. La red se perfila una vez más como una industria para la autoformación en la materia.

"El truco del último empleado, es otro recurso utilizado y aunque viejo, muy efectivo, el estafador se sienta y empieza a pedir distintos platos, cuando ya ha comido el postre pide el café e incluso el coñac, come muy lentamente con el fin de que el comedor quede, poco a poco vacío de clientes, llegado el momento de cerrar distintos camareros empezarán a marcharse hasta que quede el último empleado, este pedirá al comensal que abone la factura ya que van a cerrar el local en cinco minutos, en ese momento el sinpa argumentará haber pagado a otro camarero que se ausentó del restaurante pues finalizó su turno. Algunos sinpa llegan a pedir indignados el cambio de una factura que nunca llegaron a pagar", explica Francisco Canals, de la citada agencia contra el pillaje.Otra estrategia concierne de lleno al teléfono móvil: Bajo la excusa de que el cliente no tiene cobertura saldrá al exterior del restaurante aprovechando ese momento para marcharse sin abonar la cuenta...

El escarabajo en la sopa, confesar sufrir una urgencia de última hora, fingir una llamada o argumentar que tu mujer ha roto aguas... La moderna tecnología ha desarrollado invenciones que algunos sinpa utilizan sin temor, se trata de gadgets o artilugios que, hace años, sólo estarían al alcance de un James Bond. Es el caso de un terrón de azúcar que tiene un escarabajo escondido en su interior. Otro ejemplo se encuentra en algunos teléfonos móviles que pueden ser programados para llamar a una determinada hora fingiendo así una llamada desde el exterior.Internet se ha convertido en un escenario para la formación continua y en perenne reciclaje de estrategias como demuestra la existencia de distintos foros y blogs en los que ya es posible conocer consejos para llevar a cabo esta práctica. Y esto es, especialmente, porque la baja cuantía de los importes estafados sitúa a estos individuos en un contexto más cercano al gamberrismo que al delito.

No hay consejos cien por cien certeros para librarse de esta tribu, pero sí que existen algunas señales de alarma. Hay que tener cuidado con las denominadas zonas sensibles, se trata de espacios que suelen elegir los sinpa, las terrazas o mesas en el exterior del establecimiento ya que facilitan la operativa de la huida con mayor discreción, también las ubicadas junto al lavabo o la puerta de salida.. Hay que desconfiar de usuarios que utilizan el móvil en exceso ya que pueden buscar el momento oportuno... también de las historias de viajeros sin recursos que se presentan en el establecimiento solicitando un pequeño préstamo para pagar un billete de vuelta. Por último, la Agencia para la Picaresca advierte de la creciente figura del sinpa senior, el perfil de una persona de considerable edad que se ausenta del local bajo el argumento de atender a su mascota que se encuentra atada a un árbol en el exterior. También los hay vip, quienes, corbata mediante, hacen los 1.000 metros lisos con tal de no abonar las espinacas.

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