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Camareros que el viento se llevó

Cuando hace poco más de un mes Arias Cañete dejó caer eso de que ningún camarero inmigrado podría acceder a la altura del autóctono que conocía las decenas de variedades y subvariedades de los cafés...

el 15 sep 2009 / 02:41 h.

Cuando hace poco más de un mes Arias Cañete dejó caer eso de que ningún camarero inmigrado podría acceder a la altura del autóctono que conocía las decenas de variedades y subvariedades de los cafés y todos los matices y pinceladas posibles en su proporción con la leche, seguro que estaba pensando que los aplausos le llegarían del mundo conservador e, incluso, de pobres nostálgicos de la grillera o la malta pero ni se le pararía por la cabeza que sus más encendidos seguidores procederían de la cúpula de CCOO y UGT que en estos momentos se han cerrado a cal y canto a la pretensión de la patronal sevillana de la hostelería de contratar en origen a profesionales hispanoamericanos y marroquíes.

En realidad, tanto al ex concejal jerezano como a estos dirigentes sindicales les pasa lo mismo: están convencidos de vivir en un mundo que ya, en realidad, no existe. Sin duda las continuas sesiones de trabajo en el hemiciclo de las Cortes y las no menos frecuentes reuniones en organismos internacionales han hecho que perdieran pie en el agua de la realidad. Según un estudio de hoy mismo Sevilla tiene la mitad de jóvenes de 16 años que en 1992. Los camareros de Arias Cañete y de los sindicatos son una ensoñación, son como "el Sur" de Lo que el viento se llevó: algo que ya no existía aun cuando el padre de Scarlata O'Hara lo siguiera teniendo en su desquiciada cabeza.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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