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Campanadas con uniforme

Quejas por ruidos, incendios y alguna pelea marcan una Nochevieja tranquila. Tres policías locales explican cómo pasaron la primera madrugada del año.

el 01 ene 2010 / 20:57 h.

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Esta Nochevieja ni Emilio, ni Toñi ni Noelia cenaron con su familia. Salieron de casa sobre las diez de la noche y llegaron pasadas las siete de la mañana, pero no fueron a ninguna fiesta:son tres policías locales del centenar que trabajaron la última noche de 2009, muy tranquila comparada con otros años. Entre lo destacable, sólo que a un gamberro le dio por incendiar contenedores, primero en la Cruz Roja y Venecia y luego en Adriano, Arenal, Marqués de Paradas, Miguel Cid y Bécquer.

"Yo ayudé a mi mujer a poner la mesa, pero los invitados se retrasaron y cuando llegaron ya me iba, porque tenía que repartir el trabajo a todo el turno y no podía llegar tarde. Los invitados te preguntan que cómo te vas a ir, pero forma parte de mi trabajo y estoy acostumbrado", dice el inspector Emilio Gallego, a quien en 25 años es la primera vez que le toca la Nochevieja. Ya en el trabajo, su cena fue un caldito y pastelitos preparados para ayudar a pasar la noche a los que trabajaban.

Junto a la tarea para la noche, a los policías se les dieron latitas de uvas, por si tenían tiempo de tomarlas. Esta Nochevieja tan tranquila, la mayoría pudo:los que vigilan edificios, están en el control de las comunicaciones por radio, la oficina de denuncias o muchos patrulleros que estaban en la calle, unos 25. Un grupo las tomó en la Jefatura, "viendo La 1 y con los patrulleros cerca por si entraba un aviso", cuenta la subinspectora Toñi Quintero, que sí cenó en casa aunque "no con la familia, porque te da más rabia irte en lo mejor". Cenó ligero por si la noche era movidita y se fue a su "cotillón particular".

Aunque no pasó nada grave, la Policía no paró en toda la noche: llamadas de vecinos que se quejaban de petardos o una fiesta ruidosa -"algunas justo después de las uvas, imposibles de atender porque es Nochevieja y es normal", según Gallego, que precisó que el único cotillón autorizado no dio problemas-, un intento de suicidio, agresiones leves, dos test de alcoholemia positivos... Toñi tuvo hasta que bajar al río, porque tras la apertura de la presa de Alcalá del Río hubo que comprobar si se podía desbordar. "Iba subido pero sin peligro", explica esta policía, con 26 años de servicio, que ha trabajado muchas Nocheviejas.

"Nochebuena me molesta más, porque es más familiar, pero pasar la Nochevieja con los compañeros no me importa: en el año pasas con ellos más tiempo que con tu familia".

La gente que se congregó para las campanadas en la Plaza Nueva se dispersó sobre las tres de la madrugada sin incidentes, y con ellos se tomaron las uvas varios patrulleros, aunque "escuchar las campanadas mientras estás atento a la emisora de radio y pendiente de si pasa algo es un querer y no poder", dice Gallego.

Los policías se cruzan con otra gente que trabaja en días tan especiales: Policía Nacional, Bomberos, hospitales... "A veces al llegar no está la cosa para desear feliz año, pero cuando pasa lo peor sí nos felicitamos entre nosotros", dice Noelia Rodríguez. Es policía hace sólo tres años pero está acostumbrada a estos turnos porque su padre es guardia civil. "No me costó nada ir en Nochevieja, ni recuerdo ningún día que me haya dado coraje". La noche fue "mejor que algunos fines de semana normales", asegura. Y eso que tras las uvas no pudo tomarse ni un café: lo acababa de pedir y tuvo que salir pitando por un robo en Marqués de Pickman.

Todo esfuerzo tiene su fin. A las siete de la mañana, Toñi pasó a recoger a sus hijos de 16 y 19 años, que habían estado de fiesta, y se fue a desayunar churros con ellos. "Al final encuentras el ratito para pasarlo con los tuyos".

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