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Deportes

Cansados de tanto sufrir y protestar

Los béticos tuvieron ayer más de lo mismo que llevan soportando cinco años. Los béticos sufren, protestan y vuelven a sufrir. Resignación, pero sin olvidar a Manuel Ruiz de Lopera.

el 19 jun 2010 / 22:06 h.

Los 55.000 béticos que llenaron Heliópolis, como los 8.000 que estuvieron en el Helmántico y los miles y miles que han acompañado al equipo en su larguísima e infeliz gira por 21 campos de Segunda, quizá se preguntan qué han hecho ellos para merecerse este lustro de penurias que empezó después de la noche más feliz, cuando su Betis ganó la Copa del Rey, y cuyo final es difícil vislumbrar. Mientras hallan una respuesta, el Betis les va dando un disgusto tras otro. Primero fue el descenso y ahora, la permanencia en Segunda. El sufrimiento se ha convertido en costumbre para los aficionados verdiblancos y la costumbre, a veces, conduce a la resignación. No es que el beticismo no esté vivo, porque ahí están los tres llenos consecutivos o el éxodo a Salamanca para demostrar que su corazón late, pero ayer se tomó el palo de otra forma y donde el año pasado hubo cargas policiales y batalla de pedradas ayer hubo manifestaciones pacíficas y gritos. Gritos en contra de Manuel Ruiz de Lopera, de sus consejeros y de cómo tienen en el último rincón del fútbol español a un equipo que por afición es grande, muy grande.

El beticismo es tan grande que una hora antes del partido ya era imposible aparcar en un kilómetro a la redonda alrededor del estadio. Desde la avenida de La Raza a la avenida de Finlandia, al lado del Fremap, coches y más coches, béticos y más béticos. En el campo, el Stereo Love de Edward Maya le ganaba el derbi musical al Bad romance de Lady Gaga, pero también perdía con rotundidad frente al canto de guerra de la hinchada. ‘Volveremos, volveremos, volveremos otra vez... volveremos a Primera, Real Betis Balompié', gritaban los béticos. Pero no fue así, aunque el deseo, a veces, pudo más que la realidad. En el minuto 16, alguien cantó el gol soñado, el gol del Real Unión. Era mentira. Un minuto después, de hecho, marcó el Hércules. Y veinte segundos más tarde, Juande. Los futbolistas aún estaban en un error. Se creían que el gol del Stadium Gal era el que les venía bien y por eso festejaron el tanto del motrileño como si valiese el ascenso. Cuando Caffa encontró la escuadra de Manu, algunos jugadores se acercaron al banquillo y se enteraron de que, efectivamente, quien vencía en Irún era el Hércules.

Al ser público y notorio que de nada valdría vencer al Levante, los béticos cayeron en el desánimo. Pero siguieron ahí. Corearon el nombre de Nelson cuando abandonó el campo, homenajearon a Capi y por supuesto no dejaron de cantar ‘Lopera, vete ya' durante todo el segundo tiempo, sobre todo cuando la moral tornó en agonía, cuando al segundo gol fantasma del Real Unión, también cantado pero también irreal, le sucedió el 0-2 del Hércules. El no ascenso era irreversible y los béticos empezaron a apiñarse alrededor del palco para señalar con el dedo a quien no estaba allí. ‘Ama al Betis, odia a Lopera', rezaba la pancarta que unos béticos extendieron delante de las autoridades. Sólo los Supporters Sur seguían a lo suyo: ni un grito salió de ellos contra el máximo accionista.

No hubo grandes incidentes una vez consumado el chasco. Muchos béticos invadieron el césped para destrozar las porterías y desnudar a Carlos García y Damiá, otros se concentraron delante de la puerta de cristales, varios se marcharon a la calle Jabugo... pero nada más. Al final de la tarde, hartos y resignados, los béticos regresaron a sus casas para intentar entender qué han hecho ellos para merecerse un año más de suplicio.

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