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Cofradías

Cara y cruz de un Lunes sin barrios

Sólo cinco cofradías completaron su estación en un día agridulce.

el 29 mar 2010 / 20:37 h.

La dolorosa imagen de los charcos de agua, espejos de tristeza, sobre el pavimento de la parroquia de Santa Genoneva ya semivacía tras el regreso apresurado a casa de una cofradía calada y chorreante es la mejor metáfora de la desolación de un Lunes Santo mutilado, huérfano del aliento de los barrios y del tañido fúnebre de las campanas de San Andrés.

La lluvia asustó por la noche, pero con lo que dio al traste de verdad fue con el arranque de la segunda jornada de Semana Santa, amputando la nómina e impidiendo que cuatro de las nueve cofradías del día hicieran estación a la Catedral. Dos de ellas, San Gonzalo y Santa Marta, suspendieron sus salidas.

El Polígono, obrando un titánico esfuerzo, se refugió apresuradamente en El Salvador después de que el aguacero mañanero sorprendiera al cortejo en Luis Montoto, mientras que Santa Genoveva se volvió sobre sus pasos cuando el Cautivo encaraba ya la avenida de Felipe II y la Virgen de las Mercedes apenas había cubierto los primeros metros de su recorrido.
Los paraguas empezaron a brotar como hongos al filo de las dos de la tarde. Una lluvia intensa se cebaba con las cofradías del Polígono y Santa Genoveva. Cuánta tristeza produce contemplar un cortejo descompuesto por un aguacero, una Cruz de Guía cercada por los coches, unas bambalinas escupiendo agua en violentas mecidas a paso de mudá, la fantasmagórica silueta de un Cristo envuelto por completo en un capote verde, unos faroles apagados al hombro de un nazareno o cómo el cielo escancia su aciago líquido sobre la copa cristalina de los guardabrisas de unos candelabros. Es el precio que a veces hay que pagar por tentar a la suerte y desafiar a las inclemencias meteorológicas.

"Por la gente del Lunes Santo que no ha salido y por las que se han encerrado antes de tiempo". El misterio de la Redención se levantó en Campana por las cofradías damnificadas a causa de la lluvia. "A volá con el de la túnica blanca". La cofradía de la calle Santiago apuró al máximo las posibilidades para plantar finalmente su Cruz de Guía en la calle a las 16.35 horas, 105 minutos después de su horario previsto. La suerte les sonrió y Sevilla pudo disfrutar como nunca de la renovada imagen del paso de palio del Rocío y de los nuevos matices que el vestidor José Aguilar logra arrancar año tras año a la dolorosa de Castillo Lastrucci, ataviada esta vez con un tocado de tisú antiguo bordado en oro y dispuesto en forma tableada, que recordaba al clásico refregador de la Esperanza de Triana.

Aunque ventosa y por momentos desapacible, la tarde parecía que se recomponía, aunque se guardase un susto postrero. Tras el mazazo de la suspensión de la salida de Santa Marta -_en el interior de San Andrés un póker de niñas esperaba estrenarse como monaguillas-, las cuatro cofradías postreras de la jornada se echaron a la calle.
Después de un largo tiempo muerto sin cofradías, la Campana recibió a los nazarenos de Vera-Cruz. Llama la atención el morado intenso de los iris que alfombran el monte del Crucificado. Sin caer en la ostentación, la cofradía veracrucera ha dignificado este año el juego de insignias de su cortejo. De exquisito gusto es el nuevo estandarte, al estilo de una bandera recogida. Unas 40 representaciones de la Confraternidad de la Vera-Cruz siguen la recortada silueta del Crucificado. Y detrás, el transitar presuroso y quedo del palio de cajón de la Virgen de las Tristezas, en una de cuyas levantás una de las manos de la dolorosa se aflojó adoptando una extraña posición.

Por vez primera en su historia la cofradía de Las Penas ha sobrepasado las 700 papeletas de sitio, 42 de ellas con nombre de mujer en el estreno más simbólico de este Lunes Santo. La voz quejumbrosa del Niño de Espera recibió entre naranjos la salida de la Cruz de Guía. El Nazareno de las Penas atraviesa la Campana acunado por una saeta. Para la señorial presencia del palio de la Virgen de los Dolores no hay mejor sinfonía que las notas de Jesús de las Penas, la marcha de Pantión.

Previsores, los músicos del Sol que acompañan al misterio de Las Aguas han eliminado las plumas de su uniforme. La cofradía recuerda a dos miembros de la junta de gobierno fallecidos en 2009 con un crespón de luto en el frontal del paso. Todo un veterano del martillo, Salvador Perales, sufrió un síncope a la salida de la cofradía, debiendo ser evacuado en ambulancia.
Este Lunes agridulce, extraño, de nubes amenazantes expira en El Museo. El azul océano de los Victorio y Luchino invade este año los faldones del palio, a juego con el manto. En una sorpresa floral de ultimísima hora, el palio de la Virgen de las Aguas, montado por la mañana con minicalas, lució jazmines y hojas de camelia.
Pero el día no estaba por la labor y se despidió con susto: pasadas las 22.30 horas unas gotas aisladas llevaron a todas las hermandades que estaban en la calle a acelerar el paso. Lo que parecía una anécdota se convirtió en congoja cuando, media hora después, cayó un chaparrón, que descompuso el final de la jornada: Las Penas y Las Aguas se refugiaron en la Catedral, como El Museo, después de que sus imágenes recorrieran a toda prisa la Avenida. Pasada la alarma, las tres corporaciones regresaron a casa acortando sus itinerarios, Las Penas por Hernando Colón y Las Aguas y el Museo saliendo de la Catedral por la puerta de San Miguel. La Vera Cruz, tras un amago de meterse en El Salvador, optó por apretar el paso y poner rumbo a su capilla del Dulce Nombre a paso de mudá, mientras que la Redención aceleró la entrada del misterio. Luego volvió a amainar y permitió relajar el paso, aunque con el miedo metido en el cuerpo.

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