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Caravana electoral hacia lo desconocido

Arranca la campaña en la que partidos tradicionales y fuerzas emergentes pugnan por el 41% de andaluces indecisos.

el 06 mar 2015 / 00:00 h.

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De izquierda a derecha, Juan Marían con Albert Rivera, Susana Díaz, Teresa Rodríguez, Juan Manuel Moreno y Antonio Maíllo. / EFE De izquierda a derecha, Juan Marían con Albert Rivera, Susana Díaz, Teresa Rodríguez, Juan Manuel Moreno y Antonio Maíllo. / EFE Para gobernar Andalucía en solitario se necesitan los 55 escaños que garantizan la mayoría absoluta en un Parlamento con 109 escaños. Ninguno de los candidatos a la presidencia de la Junta lo logrará, según la encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicada este jueves. El PSOE de Susana Díaz, que arrancó anoche en Almería la campaña, parte como favorito. Ganará las elecciones, pero su resultado será inferior al que obtuvo José Antonio Griñán en 2012, cuando el PP-A se convirtió por primera vez en la historia en el partido más votado de Andalucía. Entre los comicios de 2008 a las de 2012, el PSOE perdió diez puntos, se quedaron con el 39,5% del escrutinio (47 escaños) y sólo lograron mantener el Gobierno gracias al pacto con IU. Tres años de crisis después, el PP-A está mucho más debilitado (perdería 16 escaños) y los socialistas, aupados sobre Susana Díaz, son más fuertes. Si el 22 de marzo fuera un pulso entre las dos partidos del bipartidismo PSOE-PP –como lo ha sido en las últimas nueve elecciones– resultaría más fácil interpretar la victoria socialista. Pero el 22M ya no es un pulso a dos, sino a tres. O a cinco. Así que, ¿en qué se traducirá el triunfo del PSOE sobre el PP? Los socialistas siguen cayendo, según el CIS, que les da cuatro puntos menos que en 2012, quedándose con el 34,7% de votos: 44 escaños, el resultado más bajo del socialismo andaluz desde que hay elecciones autonómicas. El número de diputados del PSOE sería inferior, incluso, al que obtuvo en la legislatura de la pinza (1994-1996). Aquel periodo de inestabilidad en el Gobierno andaluz guarda varias similitudes con el que vislumbran los sondeos a partir del 22 de marzo: También entonces el PSOE fue el partido más votado, pero a costa de un resultado catastrófico, similar al que ahora se augura para el PP (perdieron 17 escaños). El reparto de fuerzas entre los cuatro grupos del Parlamento estaba muy equilibrado –PSOE (45), PP (41), IU (20) y PA (3)–. Los socialistas tuvieron que formar un gobierno minoritario, pero apenas dos años después, el presidente Chaves tuvo que disolver la Cámara porque la suma de votos de PP e IU (la llamada pinza) hizo inviable la gobernabilidad, y hubo que volver a convocar elecciones anticipadas. Más allá de la aritmética electoral, este momento polícito poco se parece al de principios de los 90. Es verdad que el Parlamento estará más diseminado que nunca, si se confirma la irrupción de Podemos como tercera fuerza (21 o 22 escaños). Pero el debate electoral andaluz, que avanza lo que pasará en las generales de noviembre, se está planteando en términos de ultimátum: el viejo orden contra el orden nuevo; la casta contra el poder ciudadano; la gran coalición contra los partidos emergentes (Podemos y Ciudadanos). El CIS dice que el PP de Juan Manuel Moreno sufrirá el desplome más abrupto de su historia: perderá 16 escaños. De los 50 parlamentarios, se quedaría con 34, una cota tan baja como la de las elecciones de 2004. Entonces, el PP-A sufrió el castigo de los electores enfurecidos con el Gobierno de José María Aznar, que había metido a España en la guerra de Irak, convirtiéndola en objetivo del terrorismo yihadista. Ahora el monumental fracaso del PP-A, si se confirma, sería leído como un rotundo castigo a los tres últimos años de recortes del Gobierno de Rajoy. El presidente está volcado en estos comicios y busca legitimar sus políticas en las urnas. Las andaluzas son un examen más para él que para Moreno, cuyas debilidades (falta de conocimiento y de un discurso autónomo) no explicarían por sí mismas una debacle tan violenta para el PP. La encuesta es especialmente dañina con IU. La principal baza electoral de Antonio Maíllo es la gestión de su grupo dentro de la Junta, pero el 46% de encuestados califica su paso por el Gobierno en coalición con el PSOE de mala o muy mala. El CIS le retira siete diputados de los 12 que tiene, dejándole con cinco parlamentarios, el peor resultado desde 1986. Ciudadanos, que se estrena en estos comicios, obtendría más porcentaje de votos que IU, y entraría también con cinco diputados. El margen de IU y de Ciudadanos es muy arriesgado, porque por debajo de cinco escaños, niguno de los dos tendría grupo parlamentario propio, y tendrían que integrarse en el grupo mixto, lo cual sería un fracaso rotundo para Maíllo. Hay dos fuerzas que aún se definen abiertamente de izquierdas en estas elecciones, una es IU, la otra Susana Díaz. Podemos, dicen sus líderes, no es de izquierdas ni de derechas, pero la gente les ubica más a la izquierda de IU. Nadie sabe seguro si este lenguaje político trae consigo una nueva forma de hacer política. Pero sí que tiene desquiciados a muchos, porque esos partidos ni de izquierdas ni de derechas restan votos a la izquierda y a la derecha. El 40,3% de votos que IU obtuvo en 2012, el 15% de los que logró el PSOE y el 4,5% de del PP iría ahora a Podemos. De ahí que todos se hayan lanzado a pedir el voto útil.

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