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Nueve años de cárcel por abusar de la hija de su novia, que calló hasta quedar huérfana

Junto a la condena de 9 años de cárcel, el fallo impone el pago de 25.000 euros por daño moral.

el 25 jul 2014 / 21:19 h.

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La Audiencia de Sevilla ha condenado a nueve años de cárcel a un hombre que abusó sexualmente a la hija de su compañera desde que tenía diez años, aunque la víctima no reveló lo sucedido hasta que quedó huérfana y ganó confianza con su nueva tutora legal. Una sentencia de la Audiencia, a la que ha tenido acceso Efe, explica que el acusado D.G.M., de 48 años, convivió con la madre de la menor en Morón de la Frontera (Sevilla) hasta el año 2010 y con la hija de ésta desde su nacimiento. Según la sentencia, desde que la niña alcanzó la pubertad, entre los 10 u 11 años, y hasta los 15, el acusado en reiteradas ocasiones entró en el cuarto de baño cuando se duchaba y en su dormitorio mientras descansaba, le hacía objeto de tocamientos por todo el cuerpo y órganos genitales con las manos y la lengua, y llegaba a introducirle los dedos en la vagina. El acusado decía reiteradamente a la niña que iba a ser su novia y la amenazaba para que no contara nada "pues en caso contrario le pegaría a ella y a su madre". La condena se basa en el testimonio de la menor, cuya veracidad queda avalada con otras pruebas como los diversos testigos que declararon que el acusado tenía "una conducta completamente inapropiada" con la menor, lo que despertó sus sospechas de abuso e incluso llegaron a interrogar a la niña. La menor, "paralizada por las situaciones vividas y las circunstancias en que se produjeron" siempre negó los abusos hasta que los reveló cuando ya no se hallaba bajo la posible influencia del procesado. No fue hasta que falleció la madre de la pequeña y ella empezó a vivir con su tía, nombrada tutora legal, cuando la víctima "de manera paulatina le contó lo acontecido", según los jueces. Por ello, entienden que el retraso en formular la denuncia "resulta completamente razonable" pues en ese tiempo falleció la madre de la menor tras una enfermedad y cuando su tía conoció los abusos los denunció a los Servicios Sociales y luego presentó denuncia expresa. Entre las pruebas periféricas, la sentencia recoge que un hermano de la niña relató que el acusado entraba en el baño después de que lo hiciera la víctima, sin que ésta lo llamara, y luego ella "salía pálida, con ganas de llorar, llena de impotencia". Junto a la condena de 9 años de cárcel, el fallo impone el pago de 25.000 euros por daño moral.

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