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Carlos Montes, el jugador de la eterna sonrisa que dio un salto de calidad al Caja

José Alberto Pesquera, Raúl Pérez y Chus Llano recuerdan sus vivencias con el malogrado exjugador cajista, que hoy será incinerado en Madrid tras el fatal accidente que le costó la vida

el 08 jun 2014 / 00:51 h.

77570847bf9e88a779e84a2e6030a418.jpg Carlos Montes será incinerado hoy en Madrid después del funeral previsto a las 14.00 horas. El exjugador del Caja San Fernando, que contaba con 48 años de edad, será despedido por los muchísimos amigos que fue recolectando en su dilatada carrera profesional, pero también por un carácter afable que le granjeó el cariño de todos los que pasaron por su vida. Las causas del accidente mortal que protagonizó el viernes con su vehículo en una calle de la capital de España siguen siendo una incógnita. La policía sigue recabando información y se espera también que la autopsia pueda aportar algún dato que aclare cómo pudo estrellarse, a las 13.00 horas de la tarde, de una forma tan violenta contra un muro de hormigón. «Fue un accidente raro, conducía muy bien, y para nada era un conductor agresivo. He ido con él en su coche muchas veces. Su mujer tampoco se lo explica. Ha sido un palo muy fuerte», explicaba a este periódico José Alberto Pesquera, quien lo fichara para aquel Caja San Fernando que en 1991 trataba de asentarse en la Liga ACB. «Para mí es mucho más que un exjugador, es un gran amigo. Teníamos muchísimo contacto, hablábamos al menos una vez cada quince días, de todo un poco, de la familia, de su hijo, del Caja. Estaba entrenando a un equipo de Primera Nacional en el colegio Joyfe pero solo por matar el gusanillo, porque estaba centrado en sus negocios y en proyectos de coaching», explica el entrenador leonés, quien se considera «también un padre deportivo para Carlos, porque después de Sevilla me lo llevé a Granada y después a Cáceres». «Hemos tenido hasta negocios juntos. Era muy, muy cariñoso, muy fiel y leal, es de las personas que te ayudan en todo» contaba con la tristeza propia de una pérdida tan sentida. José Alberto Pesquera recordaba cómo fichó al que era un ídolo en Estudiantes. «Teníamos ya amistad por los campus de baloncesto y en aquella época compartíamos agente (Miguel Ángel Paniagua), y eso también ayudó. Se vino y estuvimos muy a gusto». «Fue un jugador extraordinario, un defensor maravilloso, uno de los mejores de la historia de la ACB. En el Caja nos echó una mano muy importante en años tan complicados, y nos fue muy bien, porque conquistamos plaza europea. No era un buen tirador pero anotaba mucho en contraataque y en penetración, era muy buen reboteador, de los jugadores que todos quieren tener en un equipo. Es durísimo, ayer fue un día muy malo, no pude dormir nada» decía José Alberto Pesquera, que hoy estará en Madrid para despedir a su amigo. Al funeral también acudirá, en representación del Cajasol, Raúl Pérez, responsable de relaciones institucionales del club, acompañando al presidente de la entidad sevillana, Fernando Moral. Raúl compartió  equipo con Carlos Montes en el Caja San Fernando que fue subcampeón de Liga en 1996 y después también en Valladolid en el Fórum Filatélico. «De Carlos recuerdo que siempre estaba sonriendo. Se adaptó muy bien a Sevilla, tenía un gran sentido del humor y es de esas personas y jugadores que están pendientes de todo en un vestuario. Siempre tenía una conversación con todos los compañeros, fuesen veteranos o jóvenes, escuchaba a todo el mundo... y con esa expresión de su cara, sonriendo». El exalero sevillano le da un papel clave en la evolución de aquel Caja que aterrizaba en la élite. «En general ha hecho mucho por el baloncesto nacional y en Sevilla le dio al equipo un arreón tremendo. Le dio un salto de calidad, nos metimos en la Korac, en cuartos de la Copa del Rey, y aquella final con Petrovic. Con Chus (Llano) y Chinche (Lafuente) hicieron un gran triángulo, el motor del Caja, y junto a los americanos era el jugador más importante de la época». Chus Llano confirma ese peso específico de Carlos Montes en aquel Caja San Fernando. «Fue muy importante en aquella fase de consolidación del equipo. Recuerdo sus primeros partidos, ante Villalba, creo que anotó 36 puntos. Era muy completo, un gran pasador, y tuvo la virtud de reconvertirse cuando al equipo fueron llegando anotadores como Brian (Jackson). Pasó a tareas más ingratas pero en defensa era enorme, tenía unas piernas fantásticas», decía el que fuera pívot cajista. «Era muy afable y risueño con todo el mundo. Teníamos bastante relación entre nuestras familias, luego, con los años perdimos el contacto, cada uno con sus caminos, pero siempre ha sido muy querido, por su implicación y su entrega», recordaba Llano.

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