Cultura

Carmen Linares o el modelo de cantaora fría y estudiosa

el 04 feb 2011 / 21:29 h.

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    Hoy pueden disfrutar de un concierto de la cantaora Carmen Linare en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, donde hace pocos días tuvimos al jerezano José Mercé. La gran cantaora de Linares no está en su mejor momento, por su conocida merma de voz, pero es una maestra a la que siempre es un placer escuchar. Es el prototipo de cantaora fría y estudiosa, que difícilmente te podrá volver loco en un teatro, como ocurría con la Niña de los Peines o La Paquera, o sucede en nuestros días con Aurora Vargas o La Macanita, cuando les coge con el duende enredado en la garganta.

    Sin embargo, Carmen es de las que enseñan cuando canta y eso es algo que cada día se valora menos. La mayoría de los cantaores de ahora, los más jóvenes, sólo enseñan estupendos trajes y exóticos peinados, pero poco más. Carmen tuvo la suerte de llegar al cante a mediados de los años sesenta del pasado siglo, cuando aún quedaban maestros que enseñaban. Aunque nació en Linares, su llegada a Madrid en 1965 le puso en bandeja poder conocer a maestros como Pepe el de la Matrona, Bernardo el de los Lobitos, Juan Varea, El Gallina o Fosforito, espejos en los que siempre se ha mirado esta cantaora. En Madrid cantó para bailar y aprendió a dominar el compás y el ritmo. Allí conoció también a un joven maestro, Enrique Morente, al que siguió y emuló en muchas cosas, aunque no siempre lo haya reconocido públicamente.

    Quizás en la capital de España, pero no en Sevilla, donde siempre que le preguntan por sus referencias, suele dar el nombre de Antonio Mairena. Es otra de sus muchas cualidades: saber lo que le interesa decir en cada momento.

    Si escuchamos ahora su primer disco (1970), cuesta entender que haya llegado tan alto. Tuvo muchísimo apoyo en Televisión Española, donde su esposo, Miguel Espín, se ocupaba del flamenco en compañía de Romualdo Molina. También tuvo mucho apoyo por parte de Ortiz Nuevo, el director de la Bienal de Flamenco. Así y todo no le resultó nada fácil entrar en Sevilla, donde nunca gustó su cante. Sin embargo, sus continuas actuaciones en la Bienal le ayudaron a ser aceptada como la gran maestra del cante que luego ha sido.

    Tiene una obra discográfica impresionante, con trabajos tan meritorios como su antología La mujer en el cante flamenco (1996). En ella demostró sus capacidad para interpretar una gran diversidad de palos, además de su amor por el legado de creadoras en muchos casos olvidadas o escasamente reconocidas. Esta labor le ha granjeado un gran prestigio y le ha servido para ser galardonada con el Premio Nacional de Música en 2001 o la Medalla de las Bellas Artes en 2006.

    Carmen regresa esta noche a Sevilla con Remembranzas tras su éxito discográfico Raíces y alas, obra en la que ha llevado al flamenco algunos poemas de Juan Ramón Jiménez. Sin duda, una gran oportunidad para comprobar cómo se encuentra esta cantaora de Linares que se hizo artista en Madrid y que ocupará un lugar importante entre las mejores voces de la historia del cante.

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