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Carnaval por decreto

De nuevo se intenta emplazar en la Alameda de Hércules un carnaval creado por decreto, desde arriba, igual que se trató de celebrar otro en 1980. Entonces un José Luis Ortiz Nuevo, delegado de Cultura y Fiestas, reformador de lo existente e innovador...

el 15 sep 2009 / 21:56 h.

De nuevo se intenta emplazar en la Alameda de Hércules un carnaval creado por decreto, desde arriba, igual que se trató de celebrar otro en 1980. Entonces un José Luis Ortiz Nuevo, delegado de Cultura y Fiestas, reformador de lo existente e innovador en lo que no existía, quiso recrear un carnaval que él creía perdido (no había existido como fiesta ciudadana ni cuando el Tío de la Tiza vivió allí) y pretendió hacerlo, primero, en la Alameda con Ocaña como figura estelar y, después, en la Plaza de San Francisco. Este enésimo intento evidencia el fracaso continuo.

Tanto el trabajo como el descanso son expresiones de una sociedad, porque la fiesta no es sino un alto en el trabajo o una transgresión de sus reglas y, para que coexistan relacionadamente, es imprescindible la existencia de la sociedad misma. En el largo cardo, que en la Sevilla de hoy va del Puente de la Barqueta al de San Telmo por el Centro, existen bares, restaurantes, bancos, comercios, hoteles, edificios administrativos, museos... existe todo excepto sociedad y eso no puede crearse por decreto, ni con voluntarismos centrípetos.

La actividad centrípeta suele acentuarse en esa decadencia social; ante la necesidad de exaltar las virtudes del casco histórico, se concentra en él mucha actividad para probarlas pero, generalmente, el resultado corrobora el proceso de declive. Incentívese el carnaval en los barrios, muchos de ellos aún sin fiestas con personalidad y donde la cotidianidad, de la que nacen los grupos y sus coplas, existe. Persistir en crear una fiesta por decisión administrativa -y más si ha ser transgresora- además de abocarla al fracaso, lo único que indicará es que los creadores no son dioses; siguen sometidos a la regla de torpeza de los seres humanos: la de tropezar repetidamente en la misma piedra.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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