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Carreteras sin gasóleo

A última hora de la tarde de ayer se había perdido toda esperanza de desconvocar la huelga del transporte por carretera que, con carácter indefinido, ha promovido la patronal del sector ante la brutal subida de los carburantes, especialmente el gasóleo. Asustados, numerosos automovilistas se apresuraban a llenar los depósitos de sus vehículos en toda España...

el 15 sep 2009 / 06:05 h.

A última hora de la tarde de ayer se había perdido toda esperanza de desconvocar la huelga del transporte por carretera que, con carácter indefinido, ha promovido la patronal del sector ante la brutal subida de los carburantes, especialmente el gasóleo.

Asustados, numerosos automovilistas se apresuraban a llenar los depósitos de sus vehículos en toda España, provocando colas absurdas en las gasolineras y adelantando inconscientemente un posible problema de desabastecimiento.

En los mercados otros compraban más alimentos de la cuenta, acuciados también por un alarmismo contraproducente. Su actitud sólo consigue subir los precios y no solventa el problema que se quiere evitar.

Aunque pueda ser hasta cierto punto comprensible la reacción de muchos conductores que necesitan el vehículo para el trabajo diario o de ciertas familias muy sensibles a que su nevera nunca esté cargada por debajo del 50% de su capacidad, una huelga indefinida del transporte no se solventa con histerias individuales ni colectivas.

La única solución al paro pasa porque los transportistas busquen una salida rápida a su indiscutible problema con la ayuda del Gobierno y los numerosos resortes con que cuenta el Estado para resolver una crisis antes de que ésta se agrave mucho más. Los primeros contactos entre ambas partes han sido un fracaso.

El paquete de medidas 'potentes' que el Ejecutivo dice llevar en la manga les suena a 'cuento chino' a los transportistas. Va a ser necesario dilucidar un 'juego' más serio. Ni España ni otro país europeo pueden aguantar muchos días una huelga total del transporte por carretera.

El Gobierno no es tampoco el culpable de que se hayan disparado los precios del gasóleo empujados por la factura del petróleo. Pero ambas partes están condenadas a encontrar cuanto antes una solución que evite la paralización de las carreteras.

La salida negociada beneficiará a todos y un irresponsable pulso entre ellas sólo pondrá en escenario de riesgo a muchos otros sectores económicos. Una carga demasiado pesada para los transportistas y realmente peligrosa para el Gobierno.

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