Cofradías

Cartelistas

el 22 feb 2013 / 20:31 h.

Afloran en los últimos tiempos los doctores en las artes que trabajan para las cofradías, con el aval de un carguito o de una tribuna pública, sin haber pasado por las aulas preceptivas ni haber obtenido una titulación apropiada para opinar con tanto desparpajo y contundencia, sobre todo, si la crítica es tan ácida, como suele acontecer. Al igual que algunos convierten en tradición lo que se inventó ayer mismo, sin conocer el pasado cercano o adentrarse en las hemerotecas, otros pontifican sobre las variantes estéticas que conforman la esencia del exorno y los apéndices cofradieros.
Así ocurre con los carteles que anuncian actos cuaresmales o la Semana Santa, si son obras pictóricas originales; se las califica de ñoñas, anquilosadas, faltas de ideas innovadoras, obsoletas. También discreparían de las modernistas, como los carteles maestrantes, y tildarían de chocantes tipos como, por ejemplo, el de Cuenca pintado por Saura, basado en una abstracción del acontecimiento religioso.
Quot homines, tot sententiae, decía Terencio, pero han de ser opiniones respetuosas con los meritorios trabajos de los artistas que expresan con sus pinceles, de forma variada, opuesta incluso, pero siempre complementaria, el mensaje que se les ha encargado, precisamente por una capacitación y valía reconocida en el mundo del arte, independientemente de que la técnica utilizada, la composición creada, la imagen única o el conjunto de elementos que integran la totalidad de la obra sea acorde con los gustos y preferencias de cada uno.
Así, los carteles de Antonio Díaz Arnido para el Pregón Universitario, el de Daniel Puch para el Vía Crucis Magno y el de Nuria Barrera que nos adelanta impresiones de la Semana Santa, son distintos pero a su vez merecen el calificativo de excelentes.

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