Cultura

Castella brilla en Fallas pese a irse de vacío

Ponce cortó una oreja menor a su primero y Manzanares se estrelló contra unos toros desrazados.

el 19 mar 2010 / 20:32 h.

El diestro Sebastián Castella, dando un pase.

PLAZA DE TOROS DE VALENCIA
Ganado: Se lidiaron toros de Núñez del Cuvillo, desiguales de hechuras, alguno terciado aunque con puntas la corrida. Descastados, sin clase y deslucidos.
Toreros: Enrique Ponce, oreja y silencio.
Sebastián Castella, fuerte ovación tras petición y saludos tras aviso.
José María Manzanares, silencio en ambos.
Incidencias: Décima de la Feria de Fallas. Casi lleno.

El valor seco y la enorme actitud de Sebastián Castella sostuvieron más de dos horas de espectáculo en Valencia, donde decepcionó una corrida mala sin paliativos de Núñez del Cuvillo, sin clase, defendiéndose y muy deslucida.

Tras negarle una oreja el palco en el primer toro, pinchó Castella posiblemente las dos del quinto, con la plaza volcada a la entrega del torero francés. Así las cosas, el único que puntuó fue el valenciano Enrique Ponce con el primero, a la postre el menos malo del conjunto.

Ése fue un toro que se movió sin fijeza en los primeros tercios y al que terminó picando el reserva. El toro ganó fijeza en el último tercio y Enrique Ponce quiso amarrarlo pronto a la muleta, pasándolo en redondo en una faena basada en la composición, el toreo a media altura y las pausas mientras que el toro acudió pronto y con son a la muleta, según Burladero.com.

Siempre fijo el toro, Ponce dejó lo mejor en un par de series en redondo, aunque cuando cogió la izquierda, la faena, que no tuvo muchas apreturas, bajó de tono, mientras que Ponce abundó en remates y muletazos de adorno. Remachó de una estocada entera y efectiva. Con el cuarto, muy parado, tuvo que abreviar. Muy valiente Castella desde el principio, dejó un quite firme en superlativo por chicuelinas en el primero de su lote, pero luego el toro no rompió para delante.

Lo intentó torear en redondo pero pronto el astado renunció y Castella hizo el esfuerzo entre los pitones, con el toro sin entregar la cuchara y el torero exprimiéndolo con valor seco. Se pidió la oreja y la bronca para el palco fue monumental.

El quinto fue un toro complicado, que no pasó por el pitón derecho y que por el izquierdo tampoco llegó a romper, sin clase alguna, y con el que Castella tiró la moneda desde el principio en un inicio con varios pases cambiados y después en series donde se lo pasó cerca, tratando de ligar e imponerse al toro, siempre muy quieto y sin rectificar.

Con el animal venido abajo y defendiéndose, Castella puso la plaza en pie, metiéndose entre los pitones sin una duda. Con la espada, sin embargo, pasó lo que no se quería y el diestro acabó tirando el premio amasado por la borda.

El tercero, con la cara suelta al principio, tampoco permitió mucho a José María Manzanares porque pronto se agarró al piso.

El alicantino rayó a buen nivel mientras el toro se movió y tiró de la embestida, dejando series notables sobre la derecha. Remató de una marca de la casa, a la que afeó el derrame que provocó.

Lo intentó el alicantino con el desrazado sexto, aunque la faena nunca tomó vuelo. Resultado: silencio y fin de una corrida de la que se esperaba mucho más de lo que se vio.

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