Local

Castilla del Pino en Sevilla

Sumergidos en un provincianismo galopante, el luto por la muerte de Carlos Castilla del Pino se ha repartido en correcta proporción por los lugares donde vivió, de modo que Sevilla, convirtiendo en axioma la copla del pobre Simón, que no tenía la obligación de llorar tras el sermón del cura porque él no era de aquella parroquia...

el 16 sep 2009 / 02:54 h.

Sumergidos en un provincianismo galopante, el luto por la muerte de Carlos Castilla del Pino se ha repartido en correcta proporción por los lugares donde vivió, de modo que Sevilla, convirtiendo en axioma la copla del pobre Simón, que no tenía la obligación de llorar tras el sermón del cura porque él no era de aquella parroquia, se ha quedado en su rincón esperando a que se muera alguien de aquí para llorarlo. Sin darnos cuenta hemos ido girando y ahora mismo estamos en las antípodas mentales de los Años Cultos que sucedieron a los Bárbaros en las postrimerías del franquismo, cuando aún no existían las absurdas trincheras territoriales de don Javier de Burgos y la Universidad era una e indivisible.

Fue entonces cuando Castilla del Pino ejerció su docencia y sobre todo, como ha dicho Carmen Calvo, su decencia. Fue ahí, mientras muchos navegaban en el mar del hundimiento del régimen para ser camisas viejas de lo que viniera, cuando proponía -no teatralmente como el Marat-Sade de Adolfo Marsillac de aquellos años, sino real como la vida misma- una reforma que iba mucho más allá de la política: la reforma psiquiátrica que conmovía los cimientos de instituciones milenarias, que derribaba los hospitales de inocentes, los maristanes, las loquerías.

Aquella conmoción se alargó en Sevilla hasta finales de 1982 después de haber prendido en Laíto Lara, Margarita Laviana, el doctor Guija. Se hicieran fiestas como las de Salta la tapia, que horrorizaba a quienes no había horrorizado la inclemencia en la que se apagaban cientos de vidas, y luego vino la creación de Azimut, la jornada normalizada para muchos enfermos entre el trabajo en jardinería, hostelería, albañilería y el descanso. La decencia de Castilla del Pino consiguió que, en Sevilla, Miraflores fuera un parque en vez de un manicomio.

Antonio Zoido es escritor e historiador.

  • 1