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Cultura

Categórico Jorge Drexler

El uruguayo realizó un concierto magistral en un teatro de la Maestranza abarrotado.

el 25 oct 2014 / 23:20 h.

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El uruguayo Jorge Drexler en un momento de su actuación. / José Luis Montero El uruguayo Jorge Drexler en un momento de su actuación. / José Luis Montero Por Álvaro Parra Se vestía de gala el teatro de la Maestranza para inaugurar el ciclo de grandes intérpretes, y lo hacía con la versión más enérgica y alegre del artista Jorge Drexler. El uruguayo se presentaba en el escenario pasadas las 21 horas, y correspondía con su introvertida sonrisa a los aplausos que un público absolutamente entregado le regalaba, sabedores de que el espectáculo iba a rozar el sobresaliente. El inquietísimo músico demostró que ha logrado la difícil tarea de ponerle voz a los sentimientos de una cultura, regalar al mundo trazas de un continente cómo si de fotografías acústicas se tratasen. Presenciando su directo te descubres visitando el Tiahuanaco boliviano, surcando el río de la plata uruguayo, o bailando en la playa de Copacabana al ritmo carioca. Y esto se hace patente en su infravalorado nuevo disco, Bailar en la cueva, donde deja de lado su faceta más intimista (en la que se apoyaba la mayor parte de su discografía de canción de autor con tintes sutiles de rock), y se sumerge en frenéticos ritmos latinos, sin olvidar la componente lírica de la composición. Drexler ha llegado a su culmen artístico configurando un sonido que, pese a provenir de tantísimas corrientes diferentes, tiene una personalidad muy marcada. Valiéndose de estas armas, pudimos disfrutar de la pegadiza Bailar en la cueva, donde se repite con alegría el estribillo «Cae la noche y nos seguimos juntando a/ bailar en la cueva», y que consiguió levantar a los más intrépidos de sus butacas, pese a la timidez que imprime el bellísimo teatro en los primeros compases del concierto. Hubo tiempo también de presentar otras canciones del disco, cómo la bella y entrañable Universos paralelos, donde se ayuda de su juguetón timbre para narrar el quebradero de cabeza que le provoca el irremediable magnetismo que siente por una bella dama. De contraposición sirvió la oscura Bolivia, que se vale de una línea de bajos potente para imprimirle fuerza a la narración de la historia del exilio de sus abuelos. Emotiva fue la interpretación de Cai creo que caí. Canción dedicada a Cádiz, ciudad con la que creó un bonito vínculo al tener el privilegio de encargarse del pregón de los carnavales el pasado año, y a la que regaló unas palabras. Además, rescató algunas de sus composiciones más conocidas, cómo Todo se transforma y Guitarra y vos. Coreadas con más ánimo que entonación por un público rendido por versos de tal belleza como «Tu beso se hizo calor /luego el calor, movimiento/luego gota de sudor /que se hizo vapor, luego viento...». Reseñable por último la pasional canción Soledad, en donde Jorge muestra su pasada turbación por la ruptura con su expareja Ana Laan, que dio paso después al romance, aún vigente, con la actriz y cantante Leonor Watling. Un espectáculo majestuoso que alcanzó los 150 minutos de duración, y en el que mostró que es único transmitiendo sentimiento. Creó una atmósfera onírica que convirtió el teatro en una travesía guiada por la voz del cantante. Un sueño del que no se quiere despertar.

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