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Cementerio de tres religiones

Decía Juan de Mairena que en la España de su tiempo la izquierda a veces disparaba sin calcular el retroceso de la culata; 100 años hay quien sigue sin haber aprendido, como Teresa Florido, delegada de Salud y Consumo, que anteayer dijo que quería hacer del de Sevilla el cementerio de las tres religiones...

el 15 sep 2009 / 22:15 h.

Decía Juan de Mairena que en la España de su tiempo la izquierda a veces disparaba sin calcular el retroceso de la culata; 100 años hay quien sigue sin haber aprendido, como Teresa Florido, delegada de Salud y Consumo, que anteayer dijo que quería hacer del de Sevilla el cementerio de las tres religiones, seguramente con la mejor intención y para mostrar apertura mental porque lo del entierro católico es uno de nuestros tópicos más acendrados; durante siglos, quien no lo era estuvo condenado al corralito, el lugar trasero destinado también a los suicidas.

A lo largo del siglo XIX los krausistas, primero, y los protestantes después tuvieron a gala dejar consignado en su testamento que querían entierros civiles o que no lo querían católico pero, como solían ser personas bondadosas y queridas por la gente, los curas convencían a los familiares de que, para no dejar la infamia de la fosa entre jaramagos en la familia, debían hacer caso omiso a lo dispuesto y sepultarlos con el gorigori de rigor. Así pasó con García Blanco, el patrono laico de Osuna. Al doctor Palomares, obispo protestante de Sevilla, no hubo más remedio que permitirle un epitafio precioso en el minúsculo recinto porque gobernaban la ciudad los liberales de Rodríguez de la Borbolla que además, por acuerdo municipal, donaron la fosa en propiedad a su familia.

Pero todo eso pasó y no valen frases que en el siglo XIX podían tener retórica futurista. Que yo sepa, el cementerio es municipal, o sea civil, o sea para los de todas las religiones y los de ninguna. También es sabido que a la iglesia católica eso ya no le importa; es como la Gran Bretaña victoriana: no tiene ni amigos ni enemigos permanentes; sólo el interés permanente de no perder su hegemonía. Lo comprobó Zapatero el mismo día de las palabras de la delegada.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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