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Chile moviliza al Ejército tras las primeras detenciones por pillaje

El Gobierno se afana en socorrer a las más de dos millones de personas damnificadas.

el 01 mar 2010 / 21:18 h.

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Policías chilenos intentan mantener el control durante la entrega de harina para la población durante el día de ayer.
Las autoridades de Chile continúan socorriendo a cientos de miles de damnificados que carecen de agua, luz y alimentos tras el terremoto que el pasado sábado devastó parte del país, al mismo tiempo, que el Gobierno ha desplegado al Ejército para combatir el vandalismo que está proliferando por las zonas más afectadas; especialmente después de que una persona muriera en Chiguayante a causa de un disparo tras un enfrentamiento entre saqueadores y vecinos.


La cifra de fallecidos por el seísmo de 8,8 grados se eleva ya a 763, además de 19 desaparecidos, y la de damnificados a dos millones.
Tras el toque de queda decretado en la provincia de Concepción -donde hubo 55 detenidos por no respetar el toque- los habitantes de localidades como Chiguayante, San Pedro de La Paz, Hualqui y Lota, así como en Coronel, vivieron una noche de terror, según explicaron a los medios personas acosadas por grupos de antisociales que pretendían saquear sus casas. En la región de Bío Bío, por su parte, las autoridades locales anunciaron que el toque de queda regirá nuevamente entre las 21.00 y las 6.00 hora local, esta vez con un mayor contingente militar y policial en las calles. En cambio, los habitantes de las localidades vecinas a Concepción criticaron que, pese al vandalismo, la presencia militar o policial fue nula en la primera jornada bajo estado de excepción y por ello, la alcaldesa de Concepción, Jacqueline Van Rysselberghe, consideró "insuficientes" los 1.500 efectivos destinados a la ciudad. "El panorama es bastante mejor que el domingo. Ayer teníamos una ciudad en caos y ha disminuido considerablemente", dijo Van Rysselberghe a los medios locales.


Mientras, el presidente electo de Chile, Sebastián Piñera, pidió ayer al Gobierno de Bachelet que frene los saqueos y actos de vandalismo en los lugares más castigados por el terremoto. "Este tema del pillaje, el vandalismo y la delincuencia no tiene nada que ver con atender las necesidades de las víctimas", dijo Piñera, quien emplazó a Bachelet a "utilizar los instrumentos que la ley y la Constitución otorga" para atajar los saqueos de tiendas y supermercados en Concepción, Santiago y otras ciudades del país. Piñera también indicó que "seguramente" la cifra de muertos "va a seguir creciendo", debido a que aún hay víctimas bajo los escombros de edificios derruidos y personas desaparecidas. Además, cifró en hasta 30.000 millones de dólares los daños provocados por el seísmo.


Llega la ayuda. Más tarde, la UE anunció el envío de asistencia médica y técnica, mientras el secretario general Iberoamericano, Enrique Iglesias, puso a disposición del Gobierno chileno el apoyo de esa comunidad de países para hacer frente a las consecuencias de la catástrofe. También, el Ejecutivo de Bolivia anunció el envío de agua, alimentos y medicinas, y el de Perú se declaró preparado para entregar a Chile ayuda de emergencia y una brigada de rescate. Tras sufrir durante todo el día más de 40 réplicas del terremoto el Gobierno pidió oficialmente a Naciones Unidas en su sede de Ginebra el envío de equipos de evaluación de daños. Así, el embajador chileno ante la ONU, Carlos Portales, declaró que su país necesita sobre todo puentes móviles, teléfonos por satélite, generadores eléctricos, hospitales de campaña, equipos quirúrgicos y centros de diálisis.


Por último, durante el día de ayer trascendió que una niña de doce años salvó la vida de buena parte de los habitantes del archipiélago Juan Fernández, a 600 kilómetros de la costa chilena, al alertar sobre las olas gigantes que devastaron las islas tras el terremoto que este sábado asoló el centro y sur de Chile.


Según publicó ayer el diario La Tercera, la menor, llamada Martina Maturana, se enteró del fuerte sismo a través de su abuelo, residente en Valparaíso, y corrió hasta una céntrica plaza de Robinson Crusoe, la principal isla del archipiélago, e hizo sonar un gong, que es la alarma del pueblo para estos casos. La señal despertó a varios lugareños de la isla, quienes también empezaron a tocar campanas y a huir hacia las alturas, minutos antes de que una ola gigante destruyera buena parte del territorio.

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