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Ciao Kosovo

Tras rendir visita a Bruselas para entrevistarse con el secretario general de la OTAN, la ministra Chacón ha dicho lo obvio: nos vamos de Kosovo de manera coordinada con la OTAN.

el 16 sep 2009 / 00:35 h.

Tras rendir visita a Bruselas para entrevistarse con el secretario general de la OTAN, la ministra Chacón ha dicho lo obvio: nos vamos de Kosovo de manera coordinada con la OTAN. ¿Cómo si no, a campo a través? Otra cosa es que se pueda tomar una decisión descoordinada en el gabinete, pero eso tiene otro tratamiento. La escenificación de lo lógico viene forzada por la agresividad parlamentaria y mediática ante una decisión que por mal explicada no deja de ser digna de ovación generalizada. Pero, hasta en los dislates, la foto pone a cada uno en su sitio: unos, en su laberinto ministerial; otros, anclados en una idea de política exterior servil y dependiente. El portavoz del PP en el Senada lo ha dejado claro: "es que su decisión -decía refiriéndose al Gobierno- va a cabrear a Obama" (he puesto comillas, pero la traducción es mía). Es decir, para el PP no se trata ni de hacerlo mejor ni de venirse de Kosovo, se trata de hacer lo que más convenga a los americanos. Sin embargo, había que dejar Kosovo. La OTAN había irrumpido en la provincia serbia, tras el bombardeo de Belgrado, con la excusa de la justa causa de protección de los kosovares ante la limpieza étnica iniciada por el ejército nazi serbio. Pero, esa causa justa y el extraordinario papel jugado por los soldados españoles, no pueden ocultarnos una estrategia norteamericana de ir acercando pieza a una debilitada Rusia.

El reconocimiento de la declaración unilateral de independencia de Kosovo, contra el Acuerdo de Rambouillet, Washington y la ONU, no hacía sino incomodar y hacer imposible la permanencia de España en Kosovo, que no había participado del servilismo, una vez más, mostrado por la UE ante la directriz urgente de EEUU. En una nueva etapa en la que las fuerzas allí destacadas no tendrán otra misión que consolidar al nuevo estado, la presencia, por incoherente e impracticable, no tenía sentido. En el fondo queda el mal regusto de la ausencia de una política exterior en la UE y que participar en misiones en el exterior no puede ser un contrato de adhesión.

Licenciado en Derecho y Antropología. aroca.javier@gmail.com

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