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‘Cibermaestros’ de sus padres

El 63% de los escolares afirma que sus progenitores les piden ayuda con la red

el 09 oct 2010 / 18:51 h.

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Haga la prueba y déle a un niño pequeño un mando a distancia. Lo pulsará dirigiéndolo a la tele y tardará poco en acertar con el botón de encendido. Si cambia el mando por un teléfono móvil, se lo llevará directamente a la oreja. Lo que hace décadas costó a los primeros adultos que usaron esos aparatos un aprendizaje a base de manuales de instrucciones, se ha transformado en instintivo para quienes han nacido en la era digital. Pero las nuevas tecnologías siguen avanzando y hoy entran a formar parte del entorno de los hijos antes que del de los padres.


De hecho, los menores "han actuado como motor de cambio en la tecnologización del hogar" hasta el punto de que el porcentaje de hogares donde viven niños con ordenador e internet es entre un 17 y un 25% superior al de viviendas sin niños con este equipamiento. Y un 63,3% de menores entre 9 y 16 años reconoce que sus padres a veces les piden ayuda para navegar por la red, según la última encuesta sobre Actividades y usos de las TIC en los chicos y chicas de Andalucía realizada por el Observatorio de la Infancia.
El temor a lo desconocido genera la desconfianza de los padres hacia el mundo que se abre ante sus hijos por la pantalla, pero la brecha digital hace que no tengan claro cómo ejercer un control que el 71% de los propios menores encuestados considera necesario.

Instituciones como el Defensor del Pueblo Andaluz o las asociaciones de padres ya han alertado de la necesidad de que familias, comunidad educativa y administraciones trabajen conjuntamente para reducir el desfase entre los conocimientos tecnológicos de padres e hijos.


El 90,1% de los niños encuestados tiene ordenador en casa y un 84,3% móvil propio. Sin embargo, el estudio revela que no son tan arriesgados en su mundo virtual como los padres temen. El 43,3% de los escolares encuestados reconoce haber conocido alguna vez a alguien por primera vez a través de la red (un 23,4% varias veces) y un 39% afirma que le gusta hacer amigos por internet pero rara vez dan datos personales más allá del e-mail y a un 81% le preocupa chatear con gente peligrosa y dice tomar las precauciones adecuadas. No obstante, un 43,6% afirma tener amigos que confían demasiado en la que gente que conocen en Internet.


Los datos del estudio contradicen las teorías de algunos autores que hablan ya de "un cierto aislamiento de las relaciones humanas reales a través de una creciente dependencia de la red". El ciberespacio no ha sustituido a la calle como lugar preferente para las relaciones sociales sino que, más bien, se ha convertido en una extensión de la misma.
Así, las actividades principales que los niños hacen cuando se conectan son hablar por el messenger con gente de su entorno o compartir con éstos fotos a través de las redes sociales, donde suelen tener agregados a sus amigos y a amigos de sus amigos (en muchos casos también aumentan el contacto con la familia extensa que vive lejos como primos de su edad). El 82,6% prefiere salir con ellos a relacionarse chateando y el tiempo de ocio que pasan físicamente con los colegas supera al dedicado a internet o las consolas.


El móvil es el otro medio de comunicación con sus amigos, aunque curiosamente un 50% de los encuestados lo usa para darles toques y que se conecten a internet. El 88,8% hace fotos y el 65,9% graba vídeos con el móvil, una tendencia que se ha convertido en una nueva fórmula de delincuencia juvenil con la grabación de agresiones o vejaciones para difundirlas en la red.


control. Pero lo cierto es que, pese a la preocupación que internet genera en los padres, los mecanismos de control son menos exhaustivos que con la televisión y la mayoría usan el ordenador sin que sus padres estén presentes cuando lo hacen mientras que la tele aún se ve en familia. Preguntarles qué están haciendo, echar un ojo a la pantalla y limitarles el tiempo de conexión suelen ser los principales mecanismos de control que practican los padres que, por contra, no suelen comprobar su correo electrónico o las páginas que visita su hijo ni navegan con ellos o se quedan en la habitación mientras están en el ordenador.


Un 49,6% de los alumnos encuestados dice tener normas sobre las páginas web que pueden visitar, un control que baja al 40,4% sobre los programas de televisión que pueden ver, al 36,7% sobre los archivos que se pueden descargar, al 35% sobre los videojuegos a los que pueden jugar y al 31,7% sobre el uso de la mensajería instantánea.
Sólo un 26,2% dice que Internet le permite acceder a contenidos que le interesan y que normalmente no le están permitidos por su edad y un 32,6% reconoce que algunas de las cosas que ha visto o hecho cuando navega no se las contaría a un adulto. Al analizar el tipo de contenidos a los que acceden, el 81,2% reconoce ver páginas de publicidad y un 60% páginas de juegos de azar o apuestas, contenidos que "pueden conllevar ciertos riesgos como al consumismo o derivar en ludopatía". Un 33% ha visitado web con contenidos violentos y un 28,3% páginas pornográficas.


El acceso a contenidos inapropiados es una de las grandes preocupaciones si bien existen filtros y el portal de la Consejería de Economía permite descargárselos (desde enero de 2008, más de 9.000 familias ya lo han hecho). Pero la red tiene también una vertiente educativa que profesores y padres deben aprovechar con una guía adecuada. Aunque el uso de Internet para hacer trabajos escolares no es el más extendido, los estudiantes sí que acuden ocasionalmente a la red con fines académicos y su potencial es grande ya que al 74,9% le resulta fácil entender lo que lee o ve en la red, un 53% se considera buena localizando información y un 41,5% cree que le enseña cosas que no aprende en la escuela. El déficit, según el estudio, es la falta de conciencia crítica para discriminar la información que les llega, que se debería fomentar en los colegios.

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