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El Centro de Investigación (CITIUS) de la Universidad de Sevilla cumple una década en plena sequía de fondos para la ciencia.

el 22 jun 2014 / 23:35 h.

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Dos terceras partes de la plantilla del CITIUS son licenciados; la mitad, doctores. / Carlos Hernández Dos terceras partes de la plantilla del CITIUS son licenciados; la mitad, doctores. / Carlos Hernández Si tuviéramos que evaluar el impacto de marca de los servicios generales de la Universidad de Sevilla por su acrónimo CITIUS (Centro de Investigación, Tecnología e Innovación de la Universidad de Sevilla), el resultado sería muy pobre en comparación a los números, el volumen y, sobre todo, la repercusión de los trabajos que allí se desarrollan. ¿Sabían ustedes que gran parte de los trabajos de descontaminación de Aznalcóllar tras el vertido salieron de estos laboratorios? ¿Conocen los trabajos en nuevos materiales con los que conseguir, por ejemplo, baterías para los móviles que no se agoten a las primeras de cambio? ¿A que les gustaría saber que hay científicos de contrastada solvencia investigando cómo hacer alimentos infantiles más nutritivos y naturales? Pues todo eso se hace desde hace una década en el CITIUS, ubicado en el campus de Reina Mercedes, la joya de la corona de la investigación aplicada de la Universidad de Sevilla. Y todo pese a que el momento es para echarse a llorar: recortes de un 40 por ciento en las subvenciones para I+D, plantillas sin recambios como consecuencia del freno del Gobierno a la contratación... Nada de esto amilana a los 61 trabajadores fijos que tiene el CITIUS (dos terceras partes son licenciados y la mitad, doctores, lo que es una prueba del alto grado de especialización del personal), entre ellos, el director, Jesús Martínez. «Con nuestro presupuesto lo que vamos buscando es poder mantener la plantilla y los equipamientos», afirma. Con los grifos autonómico y nacional cerrados (tan solo la UE sigue dando señales de vida), una fuente de financiación esencial para el CITIUS es el servicio que se presta a entidades externas, a las que se les ofrece maquinaria de altísima precisión y, fundamentalmente, personal especializado y conocedor de cómo sacar el mejor rendimiento a la tecnología que tiene entre manos.En 2013, última memoria disponible, fueron un centenar las que requirieron los servicios de investigación de la Universidad de Sevilla.De estas, 56 fueron empresas. «En estos momentos, los ingresos que proceden de esta vía tienen más peso que los que vienen por contratos o proyectos». Para el ejercicio 2013, la autofinanciación de los servicios generales de investigación superó ampliamente las previsiones y los ingresos de años anteriores: se consiguieron 685.000 euros y la facturación aumentó un 10,08 por ciento sobre lo previsto. Las máquinas del CITIUS son de altísima precisión. / Carlos Hernández Las máquinas del CITIUS son de altísima precisión. / Carlos Hernández «El CITIUS es una prueba de la democratización de la ciencia. Con una cantidad de dinero muy razonable nuestras instalaciones y todos los equipos de altísimo nivel que tenemos están al servicio de la sociedad», apuntala Jesús Martínez.   EL DEBATE DE LOS RANKING. ¿Cómo es posible pues que pese a tener estas infraestructuras y estos investigadores los resultados en los ranking internacionales no sean más satisfactorios? «Los ranking no son absolutos y hay áreas en las que debemos mejorar. La Universidad de Sevilla no es autocomplaciente, busca la mayor relevancia posible y debo decirle que hay grupos del CITIUS que están al mejor nivel internacional», defiende el director del centro. Un ejemplo de que la Universidad busca mejorar esos ranking es la puesta en marcha de los servicios de investigación en áreas de Humanidades en el centro de Ciudad Jardín, en el que fue sede de Ciencias de la Educación. Julián Martínez deja claro a lo largo de la entrevista que la salida de esta actual crisis económica pasa por la inversión en investigación e innovación. Los poderes públicos, aunque manosean estos conceptos en sus discursos, a la hora de la verdad, dan la callada por respuesta. Así que el CITIUS es consciente de que deberá seguir labrándose una imagen de marca a base de horas de trabajo, contención en el gasto e imaginación.

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