Local

Cinco mansos y un buen toro

Sólo los buenos detalles del diestro se salvaron en la 10ª corrida de abono en La Maestranza.

el 17 abr 2010 / 20:58 h.

Una deslucida corrida de Gavira echó al traste todas las posibilidades de lucimiento de una terna en la que sobresalió, no obstante, los buenos detalles de Alejandro Talavante, que falló al final a espadas, hoy en Sevilla.

Ficha: Toros de Gavira, el tercero como sobrero, bien presentados, pero mansos y muy deslucidos. Se salvó en parte el segundo, aún faltándole "transmisión". Se pitaron los arrastres de los otros cinco.

José Antonio "Morante de la Puebla": media (silencio); y pinchazo hondo y tres descabellos (silencio).

Alejandro Talavante:
pinchazo hondo que termina tragándose hasta convertirse en estocada corta (ovación tras leve petición); y dos pinchazos, media y tres descabellos (ovación tras aviso).

Daniel Luque:
estocada trasera (silencio); y estocada (silencio).

Sin destacados en las cuadrillas.

La plaza se llenó "hasta la bandera" en tarde de nubes y claros, y de agradable temperatura.

La mansada que se trajeron los hermanos Gavira no tiene salvación posible. Se esperaba más, mucho más de esta vacada gaditana que el pasado año sacó una gran regularidad. Pero las reses lidiadas ayer en la Maestranza denotaron una alarmante falta de bravura que dio al traste con la expectación despertada por un cartel que, sobre el papel, estaba lleno de alicientes.

Pero seríamos injustos si no cantáramos la buena condición del segundo de la tarde, un animal de excelsa clase y boyantía, pronto y noble aunque de duración ajustada que permitió constatar que Alejandro Talavante ha asumido definitivamente el perfil más brillante de su intrincada personalidad. Lejos de la pose de poeta maldito que tan poco le iba, el joven matador extremeño transmite ahora una felicidad toreando, la seguridad del que por fin sabe perfectamente lo que quiere. Ayer no vimos por ningún lado ese torero lánguido de banderazos desvaídos, de trazo difuso y aire distraído. Ese buen ejemplar de Gavira nos permitió disfrutar con el mejor Talavante, que se espatarró y se encajó en el ruedo para llevar al toro siempre hacia adentro en muletazos hondos, templados, de cadencia deslizada y acento personal. La faena vivió su cumbre en un cambio de mano por la espalda que se cosió a un pase de pecho mientras el matador seguía toreando por el lado derecho completamente arrebujado de toro, hundido en el albero, pleno de expresión. Faltó algo de calor y sobró frialdad ambiental y la faena no logró las mismas cotas por el pitón izquierdo. Cuando Talavante se echó la muleta a esa mano, el astado se paró definitivamente. Aún tuvo tiempo de enjaretarle uno de pecho circular que sí calentó de verdad el cotarro pero perdió el merecido trofeo en la punta de su calamitosa espada, que sólo quedó hundida en su mitad y quedó un punto caída.

Fue una lástima, porqué Talavante podría haber sumado un trofeo más del quinto de la tarde, un toro de absoluta mansedumbre que no consiguió aburrir al extremeño. Nadie habría dicho ni mu si  Talavante se hubiera ido a por la espada, pero lejos de desesperarse, apercibido de la calidad de su pitón izquierdo, se fue a buscarlo a los terrenos de chiqueros y no cejó en el empeño hasta que lo metió en su renovada muleta dentro de una faena que comenzó a brotar cuando ya habían pasado algunos minutos en el cronómetro del presidente. Pero Talavante se encuentra en sazón y lo acabó llevando por donde no quería ir y hasta consiguió meterlo en cintura por el pitón derecho en una faena que habría puesto en sus manos otro trofeo que de nuevo se escamoteó en los filos de su espada, que sigue figurando en el debe de este joven matador.

Luque volvía a Sevilla con el convencimiento de no dejar pasar la oportunidad después del mal resultado de su encerrona madrileña. No había podido ser con el sobrero que hizo tercero, que correteaba como un cochino y tomaba la muleta como un buey. Sin embargo, el de Gerena se entregó a tope con el sexto de la tarde y consiguió sus mejores registros manejando el capote: con un preciso y ajustado galleo por chicuelinas primero y con un quite posterior sin salirse de ese mismo palo que remató con una bellísima y templada larga que todavía está durando. Con la muleta se iba a enfrentar a un imposible. El toro huía hasta de su sombra y sólo pudo perseguirlo por el ruedo hasta echarlo abajo.

Y había muchas ganas de ver a Morante. El primero no tenía un pase y no se dió ninguna coba. Salió más decidido a torear al cuarto y hasta le arrancó algún natural pero el toro era un mulo. No había pelea posible. A esperar.

 

  • 1