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Cinco papeles en un crimen

Samuel pasó de buscar activamente a Marta a confesar su muerte.

el 11 dic 2009 / 21:23 h.

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El papel de Samuel Benítez en el crimen de Marta del Castillo ha variado según ha ido avanzando la instrucción del caso. Amigo de la joven, él fue quien acompañó a Antonio del Castillo a interponer la denuncia la madrugada del 25 de enero, horas después de la desaparición de Marta. Entonces nadie sospechaba de él, era un amigo más que empapeló su barrio con la foto de la joven desaparecida y que incluso se atrevió a salir en un programa de televisión diciendo que lo único que sabían era que Miguel Carcaño, el asesino confeso, la había dejado en su casa sobre las 21.00 horas.

Pero todo cambió el 13 de febrero. Carcaño era detenido por la Policía sobre las 13.00 horas y doce horas después también lo era Samuel. Miguel se había derrumbado y confesó que mató a Marta, implicando a su amigo, pues dijo que fue él quien le ayudó a deshacerse del cadáver tirándolo al río desde la pasarela de Camas.

El jarro de agua fría para la familia de Marta fue saber que Samuel, el chico que les había ayudado a buscar a su hija, admitió que ayudó a Carcaño a deshacerse de Marta. El joven indicó a la Policía el punto exacto desde el que arrojaron el cuerpo, coincidiendo con Carcaño y El Cuco, incluso repitió detalles como que tuvieron que abortar un primer intento al pasar dos motos. Samuel también afirmó que cuando llegó al piso le dijo a sus amigos "qué habéis hechos hijos de puta, tenemos que llevarla al hospital", una frase que también recordaron Carcaño y el menor.

Sin embargo, 72 horas después Samuel negaba su participación en los hechos ante el juez del caso, alegando que había confesado por presión policial. De hecho, llegó a pedir que le revisara un forense porque había sufrido golpes, pero el magistrado se lo denegó. Su amigo, en cambio, mantuvo el mismo relato, en el que le implicaba. El juez le envió a prisión por un delito de asesinato. La detención de Samuel derivó en la de El Cuco, el único menor implicado, quien también dijo que Samuel fue al piso de León XIII. Sin embargo, el menor también se retractó.

Samuel dijo entonces que tenía una coartada: sus amigos de Montequinto. Éstos dijeron que habían cenado con él esa noche en una hamburguesería de Montequinto, donde vive su novia, mientras ésta se cambiaba de ropa. Sin embargo, las horas no cuadran. Desde las doce de la noche, hora en la que salió de Montequinto, hasta que se incorporó a la búsqueda de Marta, más allá de las dos de la madrugada, hay una laguna en la que no se sabe dónde estaba.

El papel de Samuel volvió a cambiar cuando Miguel cambió su versión de los hechos: el Cuco y él la violaron y luego la mataron. Samuel no interviene en este nuevo relato. Sin embargo, meses después Miguel, alegando que sufrió amenazas de un tío de su amigo, cambió de nuevo la versión: ahora eran El Cuco y Samuel los que se deshicieron de Marta en el coche del tío de éste último.

Sin restos biológicos de Samuel en el piso, la Fiscalía y la familia le han imputado por encubrimiento y ha sido puesto en libertad. Una llamada de El Cuco a su móvil sobre las 21.00 horas es una de las claves.

Un barrio obrero removido por las noticias

Las ventanas cerradas con las persianas hasta abajo. Nadie sale de la casa ni entra en el piso en el que Samuel Benítez vive con sus padres. “Desde que pasó lo de la niña no hemos vuelto a ver a la familia por aquí”, dice una de las vecinas del bloque de al lado, aunque el buen estado de las macetas que lucen en una de las ventanas del piso denota que alguien ha estado cuidándolas hasta hace poco.

Sus vecinos hacían ayer todas las actividades cotidianas de cualquier día: la compra, llevar a los niños al colegio... Pero todos hablaban de la libertad de Samuel, reviviendo aquellos días de febrero en los que conocían que unas calles más abajo Marta del Castillo, la chica que todos buscaban desde el 24 de enero, había fallecido allí. Incrédulos veían una y otra vez en la tele a su vecino, al que definen “como un chico normal”.

Desde que el jueves se supo que Samuel salía de la prisión de Huelva en la barriada del Carmen, una zona de gente obrera, no dejan de aparecer cámaras para poder captar la imagen del joven entrando en su casa. “Se habrá ido con su tía”, decía una señora a otra mientras pasaban por la puerta del bloque de Samuel tirando de sus carros de la compra.

Son pocos los vecinos que quieren hablar, en parte por respeto a la familia, a la que conocen de toda la vida en el barrio. “Hasta hace poco me he estado encontrando con la madre de Samuel en la parada del autobús cuando iba al trabajo”, decía una mujer que no quería opinar si el joven debía o no seguir en prisión.

Otros eran menos cautos y aseguraban que “es mejor que no venga por aquí”, aunque luego rectifican y añaden “por su seguridad” y porque difícilmente podrá volver a retomar su vida en un barrio lleno de cámaras. Al menos, por ahora.

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