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Feria de Abril

Cincuenta años de los Candelarios

La caseta de la hermandad del Martes Santo es de entrada libre, aunque solamente se admite gente buena.

el 23 abr 2012 / 20:27 h.

En la puerta de los Candelarios, sus ‘gestores’: Loli Ponce, su marido Manuel Santiago, y el hijo mayor, Luis Manuel, a la espera ayer de los primeros feriantes

Mientras miles de barceloneses se echaban ayer al monte del libro y la rosa para festejar Sant Jordi al pie de la letra, aquí en Sevilla la celebración del Día Mundial del Libro, por esa terrible coincidencia con el Lunes del Pescaíto, se reducía al frontón de la caseta número 134 de Joselito el Gallo. Allí, sobre un cuadernillo pintado y a modo de poema, podía leerse lo siguiente: Vino divino, santo alimento, ¿qué haces ahí fuera? ¡Venga pa dentro! Fin del suplemento cultural. Es lo bueno de la Feria, que cada uno conmemora lo que quiere. Por ejemplo, la antigüedad: en esa misma calle, más atrás, una barahúnda de sillas y mesas culminaba los preparativos de la que se tiene como la caseta más veterana de entre las actuales, El Machacante, nada menos que de 1927. Otros consagraban la jornada al sentimiento de barrio, como los del distrito de la Macarena, que a mediodía de ayer, con todos los camiones de cerveza por allí pitándose, andaban ya metidos en la harina del espectáculo a baffle limpio. Pero sobre todo, la celebración más digna de alabanza era y será durante toda la Feria de Abril 2012 el cincuentenario de la caseta de los Candelarios. Es decir, se mezcla un poquito de cera del Martes Santo y otro poquito de albero de la calle Pepe Luis Vázquez y sale el rincón más hospitalario, recoleto y simpático del país de los farolillos.

Aquí, en la caseta de la Hermandad de la Candelaria, también tienen poemas. En una pizarra hay uno que dice: Carrillada, caldereta, habas con chocos, costillas mechadas, pavías de merluza, solomillo Lola, lagrimitas de pollo, revuelto de setas con gambas, chanquetes, puntillitas y guisos del día. La rima no será en consonante ni en asonante, pero por lo menos es en babeante. Y eso, sin contar el romancero oficial del establecimiento, debidamente impreso para público conocimiento. La poetisa de esa carta de manjares es Loli Ponce, quien con su marido, Manolo Santiago, y sus hijos Luis Manuel y José Carlos tiene la caseta en alquiler no solo para disfrute de los cofrades candelarios, como su propio nombre podría dar a entender, sino para todo el mundo, con un solo requisito: "Que sea gente buena y formal. Respetuosa."

El hermano mayor de la Candelaria, José María Cuadro, insistía ayer en ello al comentar que la caseta tiene un fin "casi más social que económico", porque aunque cobren el alquiler del matrimonio que la lleva (5.000 euros por toda la Feria), tienen que pagar los "alrededor de 1.300 euros que cobra el Ayuntamiento, y hay que montarla... y demás gastos". Además, está la tradición: cincuenta años, ya. Cómo desprenderse de algo así. "Esto lo gestionó el hermano Juan Zorrilla ante el Ayuntamiento, y coincide que el año de inauguración de la caseta, 1962, fue en el que se le quitó la luz eléctrica al paso del Señor, je, je", porque, como saben los cofrades de por aquí, la Candelaria es la patrona del sector de la electricidad, y eso tenía que notarse. Pero el caso es que se notaba demasiado y lo quitaron, restituyendo la cera clásica.

Su primer asentamiento estuvo en la Avenida de Carlos V;de allí pasó a Diego de Riaño; y hoy, a la espera de otro traslado, tiene como suyo el número 76 de Pepe Luis Vázquez, al ladito de la Cadena Ser, de ahí que a veces se escapen las estrellas de la radio y los asteroides de la prensa a propinarse guisos marca Loli, que tienen toda la verdad de la cocina casera y toda la alegría de esta familia que los despacha."Esta es una calle muy buena", dice Manolo Santiago, señalando la caseta de la Policía. "No hay problemas nunca. La gente que viene es fenomenal, y los poquitos que entran de la hermanad son buenísimos." Detrás de la barra tiene, como tienen en todas las casetas, una garrota apodada Quitapenas más como amuleto que como defensa, ya que no ha tenido que usarla todavía ni abriga la menor intención. Los borrachos, cuando haylos, se dejan acompañar hasta la puerta con exquisitos modales y mano izquierda. Y lo demás, pues es eso:sevillanitas, una copita, una ración, mirar por la baranda, ver a los caballistas... La Feria, que es un libro abierto.

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