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Cultura

Círculos concéntricos

Orquesta Sinfónica Conjunta (***). Juan García Rodríguez, director. Programa: Obertura de Tannhäuser, de Wagner; Hymnus, de Juan A. Pedrosa; Sinfonía nº 3 en Fa mayor Op.90, de Brahms. Auditorio E.T.S. de Ingeniería, viernes 6 de junio de 2014

el 07 jun 2014 / 13:15 h.

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Planteado como un concierto circular, en el que la Obertura de Tannhäuser se dio la mano con la Sinfonía nº 3 de Brahms, en cuyo primer movimiento se citan muy solapadamente pasajes de la ópera wagneriana, la Sinfónica Conjunta ofreció su tercer y último concierto de la temporada con el desparpajo y apasionamiento al que nos tiene acostumbrados. En medio una pieza que el sevillano Juan Antonio Pedrosa Muñoz, subdirector del Conservatorio Manuel Castillo desde 1988 a 1993, compuso por encargo de la Universidad y estrenó la ROSS en 2005; ambas instituciones académicas estuvieron así presentes de forma también concéntrica en este nuevo concierto de una formación prodigiosa. La célebre página de Wagner sonó musculosa y conmovedora en manos de estos jovencísimos músicos, con una extraordinaria claridad y una muy cuidada exposición de los planos sonoros. Metales poderosos se mezclaron con una cuerda algo más rugosa y estridente de lo habitual, especialmente en el registro agudo, tónica que se mantendría durante todo el concierto aunque sin empañar unos resultados que volvieron a ser sobrecogedores. La obra de Pedrosa, autor de numerosas marchas procesionales y piezas corales, se articula en torno al canto llano y la liturgia cristiana bajo un manto neoclásico, comenzando de forma esquemática y fragmentaria para culminar con tutti casi místicos que la batuta siempre atenta e involucrada de Gª Rodríguez condujo con detalle y determinación. Pero independientemente de lo mucho que nos emocionara la obertura inicial, lo más sensacional llegó de la mano de Brahms, en una interpretación que no fue técnicamente impoluta pero llegó a ser reveladora desde el punto de vista expresivo. Gª Rodríguez destacó en el Allegro inicial su carácter trágico y majestuoso, centrándose en el Andante en su vertiente más melancólica, mientras al famoso Allegretto optó por darle un aspecto más arrogante que doloroso, culminando en un final tan enérgico y agitado como sereno y misterioso según procediera. Las maderas, fundamentales para lograr ese sonido brahmsiano tan característico, estuvieron sensacionales, y las trompas no se quedaron atrás.

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