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CIS pro nobis

L'Osservatore Romano, órgano oficial de El Vaticano, es un periódico como este, pero con una notable distinción: su editor, en el sentido anglosajón, no es Cádiz sino del cielo, por la gracia del mismísimo Espíritu Santo...

el 15 sep 2009 / 23:08 h.

L'Osservatore Romano, órgano oficial de El Vaticano, es un periódico como este, pero con una notable distinción: su editor, en el sentido anglosajón, no es Cádiz sino del cielo, por la gracia del mismísimo Espíritu Santo, que no es la gracia de Cái pero hace más difícil la competencia con noticias con esas fuentes. El mencionado rotativo ha hecho público un estudio que pone de manifiesto que las mujeres pecan de manera distinta que los hombres, o al revés, sin que, de momento, haya trascendido reacción alguna de la ministra Aído italiana, aunque con el Don, ya se sabe. Los hombres (y curas), en el universo considerado por el CIS vaticano, son lujuriosos; las mujeres (y monjas), soberbias. Los datos son absolutamente fiables porque proceden del sacramento de la confesión y no es lógico que ningún arrepentido vaya al cura, encima, a contarle una mentira. Otra de las ventajas añadidas de estos conteos es que no aparece el NS/NC.

Teniendo en cuenta que se trata de dos de los siete pecados capitales, su penitencia -no consta- debe haber sido grave aunque la respuesta la tiene el sanador espiritual: castidad y humildad. Llama la atención que sigan dominando en el Hit Parade de los pecados, los antiguos, los fijados hace 1.500 años por Gregorio I, y no aparezca ninguno de los nuevos: daños al medio ambiente, drogas, injusticia social, manipulación embrionaria, enriquecerse o empobrecer, a otros se entiende. Más me extraña aún que no sea pecado grave difamar desde los medios de comunicación, con agravante, si son propios. Ya sabíamos que los curas se saben la vida y milagros de los pueblos, que juegan con ventaja cuando hacen política porque lo saben todo: abortos, cuernos, redes de corrupción, mangancias, pero lo que no sabíamos es que el secreto de confesión fuera violable a efectos estadísticos y que no se excomulgara a los filtradores. Los católicos están vendidos, menos mal que el abuelo de mi compadre le dio el sabio consejo de no meterse a cura y a mí, el mío, de no confesarme; les hicimos caso, que si no.

Licenciado en Derecho y Antropología

aroca.javier@gmail.com

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