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Ciudad de rogativas

Sevilla ha tenido en su historia dos momentos (tal vez tres) en los que creyó en sus propias fuerzas y todas ellas se atrevieron a marchar juntas a la conquista de una personalidad propia, intransferible, como la tenían Roma, Venecia, Hamburgo, Dubrovnik,...

el 16 sep 2009 / 04:38 h.

Sevilla ha tenido en su historia dos momentos (tal vez tres) en los que creyó en sus propias fuerzas y todas ellas se atrevieron a marchar juntas a la conquista de una personalidad propia, intransferible, como la tenían Roma, Venecia, Hamburgo, Dubrovnik, Ginebra o Ámsterdam, como la tiene Bilbao. El primero abarcó la primera mitad del siglo XVI; el segundo, de 1910 a 1929. El otro momento histórico fue sólo un intento, un augenblitze, que dirían los alemanes, un parpadeo: desde que Clavero rompió con la UCD hasta la formación del Club 92. El resto de su vida se lo ha pasado partida en banderías que hacían rogativas.

Rogativas religiosas o laicas, daba lo mismo. Sus fuerzas vivas convocaban a todos los santos del cielo cada vez que se les venía encima una dificultad o mandaban cartas al Rey protestando y pidiendo protección contra lo que habían hecho o pensaban hacer los adversarios de turno. En esos desmesurados intermedios ni se proyectaban obras públicas contra los desastres (¿Para qué si se tenía al Santo Cristo de San Agustín?), ni se demandaba al poder prefiriendo volcar los esfuerzos en lograr que la Corte viajara hasta el alcázar, como sucedió -para nada- con Felipe V.

En 1910 fue la ciudad entera la que pidió la Exposición Iberoamericana y durante veinte años fueron escasas las tremolinas; hoy podría asombrarse más de uno leyendo cómo este periódico (católico entonces a machamartillo) se volcaba con los actos de la Generación del 27 en el Ateneo. Luego volvió a las andadas y ahora las rogativas se dirigen a instituciones y organismos foráneos para que nos salven: a metrocentro, libera nos domine, a biblioteca pradi, libera nos domine, a turre cajasolis, libera nos domine? Letanías milenaristas de siempre en busca de un nuevo autor: el rayo de las esencias que no cesa.

Antonio Zoido es escritor e historiador

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