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Clamor verdiblanco contra Lopera

Miles de béticos se han echado a la calle en Sevilla para mostrar su hartazgo a Lopera y reclamar un cambio en la gestión al frente del club. Ayer ya se habían manifestado unos cuantos en Benidorm y está previsto que también lo hagan varios cientos en puntos tan diversos del orbe como Madrid, Barcelona, Valencia, Murcia, Montilla, Lepe, Valdepeñas, el Alto de Maliaño, Londres, Pristina, Bruselas, San José (EEUU) o Nueva York.

el 16 sep 2009 / 04:18 h.

Miles de béticos se han echado a la calle en Sevilla para mostrar su hartazgo a Lopera y reclamar un cambio en la gestión al frente del club. Ayer ya se habían manifestado unos cuantos en Benidorm y está previsto que también lo hagan varios cientos en puntos tan diversos del orbe como Madrid, Barcelona, Valencia, Murcia, Montilla, Lepe, Valdepeñas, el Alto de Maliaño, Londres, Pristina, Bruselas, San José (EEUU) o Nueva York.

Los béticos del universo se han hartado de promesas incumplidas, menosprecios y engaños y han decidido alzar su voz para que de una vez por todas sea tenida en cuenta. De ahí que desde las 20.30 horas colapsen el centro de Sevilla de forma pacífica y civilizada para encaminarse con cánticos y proclamas contra Lopera ('Nosotros somos el Betis', 'Nos salvaste para forrarte'), la misma en la que hace poco más de cuatro años celebraron con alegría y alborozo la clasificación para la Champions o la consecución de su segunda Copa del Rey.

Pero esta vez no era la alegría la que les motivó a echarse a la calle, sino el hartazgo. Las lágrimas del pasado 31 de mayo por el ominoso descenso a Segunda división se transformaron en gritos de protesta y reclamo para devolver al Betis su identidad y la dignidad perdida en 17 años de loperismo, que si bien es cierto que tuvo momentos de esplendor deportivo, ya lejanos, nunca supo salvaguardar la particular idiosincrasia de este emblemático club, cuyo prestigio ha ido deteriorándose de manera alarmantemente progresiva.

Y los béticos, muchos miles de béticos, hartos de mentiras y promesas incumplidas, han dicho basta. Y se han echado a la calle para que se les oiga y tratar de hacer recapacitar a quien maneja los dineros pero nunca podrá ser dueño del sentimiento bético, que es mucho más que un escudo, una bandera o un puñado de acciones.

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