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Economía

Clara Aguilera denuncia distorsiones de la nueva PAC en el mercado

La europarlamentaria asegura que no hay una PAC sino 28 pues cada país de la UE ha escogido las medidas que más le interesaba y, así, no se compite en igualdad de condiciones.

el 13 mar 2015 / 22:16 h.

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Chary Maldonado, gerente de Correduría de Seguros Morera & Vallejo; Josefa Acebedo Romero, responsable de Negocio Agrario (Agrobank) de Caixabank en Andalucía Occidental; la eurodiputada Clara Aguilera; Antonio Morera Vallejo, presidente del Grupo Morera & Vallejo; Juan Antonio Cortecero, viceconsejero de Agricultura de la Junta de Andalucía; Eduardo García Forcada, técnico de Negocio Agrario de Caixabank en Andalucía Occidental; y Óscar Gómez, coordinador general de El Correo de Andalucía / JESÚS BARRERA Chary Maldonado, gerente de Correduría de Seguros Morera & Vallejo; Josefa Acebedo Romero, responsable de Negocio Agrario (Agrobank) de Caixabank en Andalucía Occidental; la eurodiputada Clara Aguilera; Antonio Morera Vallejo, presidente del Grupo Morera & Vallejo; Juan Antonio Cortecero, viceconsejero de Agricultura de la Junta de Andalucía; Eduardo García Forcada, técnico de Negocio Agrario de Caixabank en Andalucía Occidental; y Óscar Gómez, coordinador general de El Correo de Andalucía / JESÚS BARRERA «La actual PAC es un maremágnum. No hay una sola PAC, sino 28, una por cada país miembro de la Unión Europea, y cada país, pues, con su propio modelo. Una misma producción agraria puede tener distintos apoyos (ayudas) según el Estado donde radique el agricultor o ganadero. Y así no se sale al mercado en igualdad de condiciones, sino que existe una distorsión del mercado interior comunitario». Si tenemos presente que la Unión Europea (UE) se gestó como mercado único para sus socios, esa sentencia de la andaluza Clara Aguilera, europarlamentaria, vicepresidenta de la Comisión de Agricultura y Desarrollo Rural de la Eurocámara y exconsejera del ramo de la Junta de Andalucía, revela hasta qué punto se ha renacionalizado una Política Agraria Común (PAC) que, además de retrasada en su aplicación (periodo de vigencia: 2014-2020), «es muy compleja». Aguilera, durante su conferencia en el ciclo Hablemos de Europa, organizado por El Correo de Andalucía en el hotel Gran Meliá Colón de Sevilla y con el patrocinio de Agrobank, consideró que cada nación socia se ha confeccionado «su propio croquis» colocando una cruz en aquellas medidas que más le convienen, y dejando reducida la uniformidad de la PAC al greening (es el también llamado pago verde, o ayuda adicional por prácticas agronómicas respetuosas con el medio ambiente). Dos ejemplos: Uno, España, al igual que otros cinco países, ha optado por el modelo de la comarcalización (división del territorio agrario en medio centenar de comarcas con unos rendimientos similares), mientras que otros diez se han decantado por un pago único por región. Y dos, España ha sido el único Estado que ha elegido una prima acoplada (esto es, vinculada al volumen de producción, mientras que el pago único es por superficie) para los frutos secos y no para el aceite de oliva, como sí ha hecho Italia. «En suma, un maremágnum porque la PAC se ha vuelto muy flexible, donde cada país coge aquello que le interesa. De hecho, la Comisión Europea ni siquiera tiene que aprobar esas medidas nacionales, sólo comprobar si éstas son conformes con la propia PAC». A juicio de Aguilera, tal flexibilidad entrañará cuatro problemas. El primero: distorsiones en el mercado interior comunitario, que comenzarán a constatarse a partir de octubre próximo –de ahí el retraso en la aplicación–, cuando los agricultores y ganaderos sabrán exactamente cuánto cobrarán –a día de hoy resulta complicado hacer los cálculos sobre un pago único, más el greening y, si la hay, la ayuda asociada o acoplada– y surgirán, pues, las comparaciones. «Entonces veremos la repercusión». El segundo: la consolidación de los «históricos agravios» entre la agricultura continental y la mediterránea, unos agravios, lamentó, perpetuados «a pesar de tantas reformas». Esta vez, sostuvo, proceden de la duplicidad de los regímenes de intervención pública y privada (mecanismos para amortiguar las caídas de los precios) en productos tan importantes para la Europa central y del norte como son la mantequilla, el vacuno de leche, la leche o el azúcar. En el caso del tan mediterráneo aceite de oliva, esa protección o paraguas para eludir que se derrumben las rentras se limita al almacenamiento privado (se guarda una parte de la cosecha y, a cambio, se recibe una subvención) pero con cotizaciones de referencia sin actualizar. El tercero atañe a la distorsión de la cadena agroalimentaria, que, dijo, sigue impidiendo que agricultores y ganaderos obtengan unos precios «justos» por sus producciones, una cuestión difícil de atajar por la legislación de Competencia. «Nos hinchamos de debatir el tema, pero nada». Y el cuarto y último: la nueva PAC no incluyó la reforma de la Organización Común de Mercado (OCM o régimen de ayudas) de frutas y hortalizas, que quizás, anunció, podría ser abordada en 2018, aunque será difícil que aborde la principal preocupación del campo: la volatilidad de los precios. Eso sí, reveló que se está desplegando por parte de España una contundente presión para que las frutas y hortalizas, y también aceite de oliva, se incluyan en los programas gratuitos de reparto en los colegios para la mejor y más sana alimentación de los escolares, como ya se hace con la leche, y confió en tener pronto buenas nuevas. Al releer estos cuatro puntos –y problemas– se obtiene sobre qué edificó la europarlamentaria su conferencia: las producciones mediterráneas (aceite de oliva, vino, algodón, frutas y hortalizas, arroz, tabaco). «A pesar del peso de éstas en la economía y el empleo de los países productores (el sur), siempre han estado minusvaloradas en la PAC. Sin embargo, tienen una fuerza y una vitalidad en las exportaciones que no han conseguido las continentales». Y llegamos a la conclusión de la ponencia de esta nueva edición del foro Hablemos de Europa: la gran capacidad exportadora de la agricultura mediterránea. En este apartado, Clara Aguilera trató los acuerdos comerciales que prepara –aunque  a muy largo plazo aún, precisó– la Unión Europea con países como Estados Unidos y Canadá por un lado, y con asiáticos por el otro. Los primeros, opinó, engendran oportunidades para la exportación, dado el alto poder adquisitivo de sus habitantes, nada que ver con los rubricados con el norte de África, que benefician a la agricultura continental y no a la mediterránea –al contrario, ésta padece el incremento de las compras comunitarias de aceite, tomate o cítricos–. Los segundos, en cambio, acarrean serias dudas, porque no pocos practican el dumping social (por sus bajos costes laborales y escasos derechos sociales). Por tanto, luces y sombras, pero, eso sí, con la mente puesta en vender más y con mejor calidad en el exterior.

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