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Clara ‘Peligros’

Comió pepino como en el campo, no como hostias consagradas, y le dijo a Alemania que se equivocaba.

el 12 jun 2011 / 08:37 h.

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Clara Aguilera será recordada toda su vida como la consejera de Agricultura que se comió un pepino con cáscara cogido directamente de su mata. Portadas y portadas de periódicos, mofa generalizada, no pocas de mal gusto. Pues bien, para los urbanitas y políticos variopintos que no salen de sus despachos, que sepan que hizo algo normal en los pueblos, en el campo, en los invernaderos, y lo anormal es tomarlo en rodajitas como si fueran hostias consagradas, estilo Mariano Rajoy o Esperanza Aguirre, les faltó agachar la cabeza tras alimentar el estómago con el cuerpo de Cristo.

Ella es así, campechana. El personal se quedó con la imagen -eso sí, consejera, cambie de gafas de sol, por dios- y no con que fue la primera persona que alzó la voz contra Alemania, nada más y nada menos, diciéndole, oye tú, que te has equivocado, pero qué estás diciendo, so desacertada y precipitada, mire cómo me como este pepino, métaselo... le faltó decir. Por algo la llaman Clara Peligros.
Cuentan que en una reunión con las organizaciones agrarias, dos gallos andaban a picotazos, y ella cortó la pelea diciendo: "¿Estáis discutiendo quién la tiene más larga?" Caras coloradas en esos hombres tan grandes, tan curtidos, tan rurales, en ese momento tan pequeños ante una mujer que ni al metro y medio llega. Y se quedó tan fresca, ahí, con dos bien puestos. ¿Que percibe que una cita de partido se alarga más de la cuenta? Saca su pintalabios, sombra aquí, sombra allá, maquíllate, maquíllate, un espejo de cristal y mírate, mírate.
Porque coqueta, tela, femenina, más todavía. Verde, su color, en el vestir, dispar colorido. Tras discutir con la patronal Asaja de Andalucía, a su presidente, Ricardo Serra, le puso pose sensual y le soltó: "Ricardo, yo también te quiero, pero nuestro amor es imposible". Ea, ahí lo llevas. Nadie habla mal de ella, al contrario. "Hasta en la discrepancia es simpática, afable, cercana, vehemente, afectiva, ni agria siquiera cuando se enfada", según comentan líderes agrarios y personal de su Consejería. Exigir exige, pero la primera exigencia, para ella misma.
Será porque nació (Oleilar, pedanía de Íllora, Granada, 1964) de padre albañil y jornalero y de una madre que trabajaba fuera y dentro de casa. De él heredó, exiliado tras la Guerra Civil, su compromiso político; de su abuela Jacinta, una de las primera mujeres socialistas, el compromiso político y con la mujer. "A esta Consejería le hace falta un poquito de parte femenina". Pongámosle faldas a la mayoría de sus altos cargos. "Política política soy yo; la gente que he elegido tiene el doble perfil, político y técnico, y eso es lo ideal para mí". Lo ideal era acabar la licenciatura de Derecho, no lo hizo, y lo técnico era hacer un máster de Dirección de Empresas Cooperativas, lo hizo, y se vinculó a la asociación Faeca, de la que fue gerente provincial de Granada. Desde chiquitita, 18 años, se afilió al PSOE, fue concejala en el Ayuntamiento granadino y portavoz de Agricultura de su partido en la Cámara autonómica, ahora miembro de la Comisión Ejecutiva de la formación regional. Fue también secretaria general de Relaciones con el Parlamento en la Consejería de Presidencia en tiempos de Gaspar Zarrías.
Sorpresa mayúscula cuando, en su lugar, y por razones de cuotas provinciales del partido, Manuel Chaves le dio a Isaías Pérez Saldaña, y no a ella, el departamento agroganadero de la Junta de Andalucía, y se le adjudicó la Consejería de Gobernación, hasta que en abril de 2009 José Antonio Griñán, ya presidente y líder del PSOE regional, remodeló su gabinete y le asignó su cartera actual. Para rural y agraria, ella. Vive en Peligros, Granada, ya sabemos el porqué del mote, de peligrosa, más bien poco.
Se dice que está en la línea más izquierdista del partido y no es ambiciosa. La cocina, para los ratos libres, dicen que se le da bien, hacer y comer, sobre todo los platos tradicionales, algún experimento que otro. Le falta peso en Madrid, dicen quienes la critican, no a ella, sí su labor, qué remedio cuando quienes gobiernan allí son los mismos que gobiernan aquí. La rémora de su gestión, una crisis económica que limita los presupuestos públicos, tijera para el bolsillo de los agricultores, desesperación al cobrar las ayudas que no dependen directamente de las arcas de la Unión Europea y sí de la cofinanciación de la Administración andaluza.
En su despacho, Madre con niño, de Gustav Klimt. Le gusta el cuadro, que ella misma colgó, pues, dice, "su pintura es sencilla, pero un tanto barroca con esos colores dorados; yo también creo que soy así". En efecto, así es Clara, sencilla y barroca, soltera, sin hijos, hace un año la consejera menos conocida del Gobierno de José Antonio Griñán, sin duda hoy la que más merced a un pepino.

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