Cultura

Claroscuros de una marcha despacito pero sin compás

el 31 mar 2011 / 19:15 h.

Cristina Hoyos llegó al frente de la embajada sureña flamenca dentro y fuera de España en 2004 y lo primero que hizo fue cambiarle el nombre a la Compañía Andaluza de Danza, heredada de José Antonio, a quien relevó.

Emergió el Ballet Flamenco de Andalucía y ya las malas lenguas decían que había desmantelado las bases de la Compañía Andaluza de Danza para acomodar, con dinero público, a su propia compañía.

Su enemistad con Alberto Bandrés, que fuera responsable de Fomento y de la Agencia del Flamenco; anuncios del Ballet que más parecían de la propia compañía de Hoyos que de la Junta y una especie de patente de corso para hacer y deshacer (más malas lenguas: por su filiación política socialista), entre algún que otro escándalo en Estados Unidos y un presunto plagio en uno de sus montajes...

Todos son claroscuros que, pese a todo, no deben ocultar éxitos de público cosechados con montajes como Poema del cante jondo, Romancero gitano o Viaje al Sur.

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