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Clase práctica de paz

La Nobel iraní enseña a los jóvenes que el respeto al otro nace en ellos mismos.

el 21 ene 2010 / 19:17 h.

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Shirin Ebadi, ayer con alumnos del San Francisco de Paula y el director del centro, Luis Rey.
En las aulas del San Francisco de Paula no se enseñaron ayer ni leyes científicas ni datos históricos, ni siquiera las reglas lingüísticas que seguro les exigirán en el examen de Selectividad. Los alumnos de Bachillerato aprendieron a valorar el significado de la palabra paz, la misma que le enseñan los franciscanos, pero que esta vez llegó desde Irán de manos de Shirin Ebadi, la premio Nobel de la Paz de 2003.

Shirin participó en la revolución que se produjo en Irán en el año 1979. Su objetivo, y el de la gran parte de los ciudadanos que tomaron parte en ella, era liberar a su país de la monarquía dictatorial que lo dirigía. La revolución triunfó pero no así su mensaje de independencia y libertad, que cayó en saco roto. "El resultado fue que los grandes aliados de la revolución acabaron en la cárcel y, entre ellos, estaba yo".

Desde entonces no ha cesado en su lucha por llevar la igualdad al pueblo iraní. Un objetivo que, aunque sólo le ha traído problemas, le valió en el año 2003 la concesión del Nobel de la Paz por su lucha en favor de los derechos humanos.

Los alumnos parecían permanecer ajenos al mensaje. Era una situación que les tocaba muy de lejos y que, a buen seguro, pensaban que no iba con ellos. Shirin fue acercando su mensaje y los jóvenes se iban implicando en las palabras de la activista iraní.

"Con la edad que vosotros tenéis podéis ser condenados a muerte en mi país". Y es que la ley de Irán recoge que a partir de los 16 años cualquier joven puede llegar a ser condenado a muerte por una simple pelea y que, con tan sólo 13 años, las niñas tienen edad legal para poder contraer matrimonio.

Fue entonces cuando el encuentro tomó un carácter de cercanía que invitó a los alumnos a preguntar por temas más candentes. "¿Qué opina sobre el terrorismo islámico?", preguntaba una joven alumna. La activista quiso abrir una puerta a la reconciliación entre culturas, evitando culpabilizar a los jóvenes inmigrantes que viven en Europa. "Imaginaos lo que es vivir en un país ajeno donde se os culpa por tener otro color de piel o por pensar de forma distinta", reflexionaba.

"Esos jóvenes, que se sienten europeos como vosotros, llegan a perder la razón y por eso cometen esos terribles atentados". El mensaje impactó, no pudo ocurrir de otra forma, e incluso los jóvenes cruzaban miradas de extrañeza. Todo tenía un sentido, pues tras estas duras palabras llegó el mensaje que Shirin quería transmitir.

"El terrorismo no termina con el castigo sino con la tolerancia y la aceptación del inmigrante, y vosotros los jóvenes podéis lograr este objetivo".

Shirin no dejó nada por contar. De su carácter cercano y afable salieron recuerdos de su época en la cárcel y del chantaje actual que vive por parte del Gobierno iraní. La clase fue larga, más de lo habitual, pero los alumnos tomaron buenos apuntes de que un Nobel es, más que un premio, el inicio de un compromiso con la sociedad.

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