Cultura

Clásicos retadores

Crónica del concierto que Zahir Ensemble ha ofrecido en el Teatro Central con obras de Boulez, Sánchez-Verdú y Antheil.

el 05 may 2010 / 21:28 h.

Desde 1953 hasta 2010, cuenten ustedes los años que han tenido que transcurrir para que El martillo sin dueño, una de las obras centrales de la música del siglo XX, debida a Pierre Boulez, conociese su estreno en Sevilla. Son oportunidades como éstas las que hacen brillar y dan su razón de ser a un Ciclo de Música Contemporánea, el del Teatro Central, que este año está dando unos frutos añorados durante mucho tiempo.

El conjunto sevillano Zahir Ensemble ejecutó una versión de radical concisión, imbuída quizás por la primera e histórica grabación que el propio Boulez realizara para la CBS. Más de medio siglo han pasado por estos pentagramas y en todo este tiempo, su sonido, de un feroz estructuralismo, sigue inmáculo y radical. La mezzo Marie-Annick Beliveau contribuyó a la dicha del éxito pese a un timbre de irregular gusto.

De sesgo estético opuesto, el Ballet Mecánico de George Antheil, escrito en 1924, es una oda al futurismo, también a una modernidad que pasaba por el elogio de la Revolución Industrial, del más difícil todavía. Con ecos presagiadores del ulterior movimiento repetitivo, la partitura, inmensa (con pianos, percusiones, pianolas, hélices de avión, sirenas...), se benefició de una interpretación vertiginosa, con el acento puesto muy específicamente sobre su cariz minimalista, calibrando soberbiamente el plano melódico y el puramente rítmico, y llevando el sonido al máximo paroxismo mientras que en la pantalla era proyectado el filme original del artista plástico Fernand Leger. Dos mundos contrapuestos, el de Antheil y el de Boulez, dos aventuras clásicas que permanecen vivas y retadoras. Dos ejemplos sin parangón de la inmensa aventura estética y emocional que depara la música de vanguardia.

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