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¿Clientelismo o memoria?

Escuché el martes pasado a un ilustre comentarista político en una emisora de radio nacional lo siguiente: "Lo normal es lo que ha pasado en las elecciones generales del 9-M, que ningún partido obtenga la mayoría absoluta; lo anormal es lo de Andalucía, donde el PSOE gobierna desde 1982..."

el 15 sep 2009 / 01:46 h.

Escuché el martes pasado a un ilustre comentarista político en una emisora de radio nacional lo siguiente: "Lo normal es lo que ha pasado en las elecciones generales del 9-M, que ningún partido obtenga la mayoría absoluta; lo anormal es lo de Andalucía, donde el PSOE gobierna desde 1982 ininterrumpidamente. Claro que -añadía el preclaro comentarista- en las CCAA es fácil practicar el clientelismo, estableciéndose un sistema de dependencia poder-ciudadanos que facilita la victoria del partido que gobierna". Me sentí aludido puesto que yo he tenido la oportunidad de gobernar durante veinticuatro años en la vecina Extremadura, por lo que intuyo que el "cantamañanas ilustrado" diría lo mismo de los ciudadanos de mi tierra si hablara de Extremadura. ¿Y qué dicen cuando dicen lo del clientelismo? En primer lugar insultar impunemente a los ciudadanos de Andalucía que libremente votan cada cuatro años lo que les viene en gana; por lo visto en donde se gana siempre, el mérito del ganador hay que ponerlo en cuestión puesto que los ciudadanos no son votantes sino clientes; un andaluz que vota lo que le interesa es un cliente, pero un ciudadano de Pozuelo de Alarcón (el pueblo de la señora que llamó analfabetos a los escolares andaluces), que vota siempre PP, es un votante formado y concienciado. Un votante andaluz o extremeño es un votante cautivo (¿se acuerdan del PER?) mientras que un votante madrileño es libre, viene a decir el tertuliano.

Observemos la vida diaria del comentarista y de muchos ciudadanos de la gran urbe madrileña y comparémosla con la de de un ciudadano de un pueblo medio andaluz o extremeño. El primero se levanta a las seis de la mañana para dejar a su hijo en la escuela a las ocho; ha tardado dos horas en recorrer quince kilómetros subido en un automóvil oyendo los comentarios del "bobo ilustrado"; ha llegado a su oficina con retraso (cosas de los atascos) y al final de la jornada matutina ha bajado al McDonalds de la esquina y se ha comido una hamburguesa acompañada con una cerveza; ha vuelto a su maravilloso trabajo y a las siete de la tarde ha hecho el camino de vuelta a su domicilio situado en un populoso colmenar, que algunos denominan ciudad dormitorio sin faltarle razón; es posible que alcance a poder ver a sus hijos despiertos y que hasta tenga tiempo de leer algún editorial de algún periódico donde se remarque lo del voto cautivo y lo del voto clientelar. Al día siguiente hará lo mismo y el día de las votaciones depositará su papeleta en la urna sabiendo que, para el "cantamañanas de oficio", su voto es un voto libre, consciente y culto.

En los mismos días el ciudadano andaluz se ha levantado una hora antes de que dé comienzo su jornada laboral; ha hecho su trabajo; ha comido en su casa con su familia, se ha hablado de algunas cosas que les afectan, incluida la marcha escolar de sus hijos; después de un pequeño descanso ha tenido tiempo de darse una vuelta por el campo; ahora que las tardes son más largas, incluso, ha cogido a su perro y sus cañas de pescar y ha echado la tarde en la playa paseando y esperando que "piquen". Si daba tiempo ha salido a pasear o a tomar una cerveza en el bar de siempre donde ha hablado de lo divino y humano con los amigos de toda la vida. El domingo ha estado en el campo y mirando la inmensidad del horizonte ha reflexionado sobre la vida, la muerte, la política, la familia, el trabajo, etc. El día de las elecciones ha acudido a votar, y el día después ha oído que un idiota le ha llamado cliente porque en su pueblo y en su región ha vuelto a ganar el PSOE.

Si quienes se dedican a comentar la actualidad política intentaran hacer un esfuerzo de análisis serio, evitarían dejarse llevar por los lugares comunes y por la pereza intelectual y se ahorrarían faltar al respeto a los ciudadanos de determinadas regiones que son la consecuencia de su historia. Y si estudiaran la historia real, no sólo la libresca, llegarían a la conclusión de que los fenómenos sociales y políticos no ocurren por casualidad o por imbecilidad de sus habitantes sino por las circunstancias que esos pueblos han sufrido y que, ahora, pasan factura a los herederos que protagonizaron ese pasado.

Un analista de medio pelo podría llegar a las siguientes conclusiones si se detuviera a pensar: 1.-Los veintiséis años de la historia autonómica de Andalucía (como los veinticinco de Extremadura) han sido los años más brillantes de la historia de ambos territorios. Invito a que cualquier historiador ponga la historia encima de la mesa y corte un periodo de tiempo similar por el siglo que quiera y compare. Seguro que no encontrará una transformación tan sustancial y en beneficio de todos los habitantes de esos territorios en ningún periodo histórico. 2.- Andalucía (y Extremadura) siempre han estado gobernadas a lo largo del último siglo y medio. En ciento cincuenta años no se hizo nada comparable con la labor que se ha hecho en ambos territorios a lo largo del último cuarto de siglo. Durante un siglo y medio gobernó la derecha; durante los últimos veintiséis años lo hicieron los socialistas. Durante el gobierno de la derecha los ciudadanos de uno y otro territorio eran víctimas del analfabetismo, de la emigración y de la exclusión social y económica; durante el último cuarto de siglo, los habitantes de esas tierras recibieron educación obligatoria, gratuita y de calidad; han permanecido en sus territorios y han acogido a habitantes de otros pueblos que ven en Andalucía (y en Extremadura) un sitio donde vivir y trabajar; la sociedad se ha movido y muchos de los que estaban en la parte más baja de la escala social y económica han visto cómo su posición se elevaba gracias a las condiciones de movilidad social que se han creado en su territorio en los últimos años.

Eso, y no el clientelismo, explica el voto mayoritario a un mismo partido. Estudien este periodo de la historia de los pueblos, compárenlo con periodos anteriores y seguro que se ahorran el insulto.

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