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Cofradías

Cobije un Armao bajo el paraguas

el 04 abr 2012 / 19:00 h.

Los Armaos de la Macarena, esta misma tarde.

Algo había que llevarse a los ojos en la tarde del Jueves Santo. Por eso mismo, la Centuria Romana nunca se había visto tan arropada como ayer por el gentío cuando plantaron sus primeros plumeros bajo el Arco de la Macarena. El primero de ellos debió sentirse como si fuera la cruz de guía de la hermandad. Un policía abriéndoles paso y un aluvión de fotografías dirigidas a ellos. Nadie sabía muy bien a dónde iban, pero como no había mucha cosa mejor que hacer, al final, al teniente y al capitán -en la Plaza de la Centuria y en la calle Resolana- los fueron a recoger los romanos y dos centenares más de espontáneos que seguían a los de las lanzas con la esperanza de que, más pronto que tarde, entonaran alguna marcha.

Pero la tarde no estaba como para mecer los plumeros, dejarse ir y propiciar que las espadas y sus dueños empezaran a padecer los primeros síntomas de reuma o, directamente, de pulmonía. A redoble de tambor, la Centuria, capitaneada por Fernando Vaz, se plantó en poco menos de cinco minutos en la escalinata del hospital Virgen Macarena, institución que visitaban por segunda vez y en cuya recepción se había agolpado una multitud, móvil en ristre, dispuesta a inmortalizar la visita de estos hijos de la Galia que deberían empezar a pensar en dejar en casa iPhones, auriculares y cámaras de fotos por aquello de dar una brizna más de autenticidad a su estación de penitencia. Porque penitencia es, desde luego, llevarse en la calle de esa guisa casi 24 horas, primero recorriendo la ciudad, luego escoltando al Señor de la Sentencia.

El sevillano medio, al menos el que es capaz de esperar bajo el agua a los Armaos, no se corta un pelo. Y nada más que los tuvieron a la mano comenzó la lluvia de peticiones. La mayoría, sin importar edad, reclamaba estampitas, solicitud que era amablemente respondida con el buscado obsequio. Pero los más avezados demandaban "pergaminos". Hubo menos suerte en esta búsqueda, aunque quienes los obtuvieron los mostraban orgullosamente. "Son pequeños pergaminos con una oración y una fotito de la Macarena, cada romano lleva un par, no más", relataba una afortunada como dando por hecha una curiosidad que parecían desconocer los mismos protagonistas. "A mí me da que esa horterada la ha comprado en el bazar chino de la calle Feria", opinaba otro.

Y entre medio, la lluvia, que seguía cayendo. Por eso, a la hora de hacerse fotos -algo a lo que los Armaos siempre andan prestos-, la mayoría tuvieron lugar bajo el manto protector de un paraguas, y a fe que tuvieron que levantarlo alto para que cupieran las plumas: "¡Pero si tiene casco, no se moja!", gritó la nieta a sus muy macarenos pero no tan fotogénicos abuelos cuando cobijaban a un romano al que sacaron de la fila casi por el pescuezo

Dentro del hospital, la Centuria se dividió en medio de un orden (...o desorden) que sólo ellos debían comprender. Por cada planta se veían plumeros. Objetivamente, los Reyes Magos llevan mejor el asunto de la logística. Cierto que son tres. Los Macarenos algunos más. Por eso habrá que perdonarles que algunos acabasen echando el pitillito en la puerta o calentando la armadura con un cortado en la cafetería. Esto con Julio César no pasaba. Pero en pleno siglo XXI hay que perdonarles todo. Sobre todo cuando se comprueba in situ que los pequeños internos en el hospital sonreían con ellos. Al final va a ser verdad que traen una pizca de Esperanza.

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