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Combatir la crisis de frente

Desde la constitución de los primeros ayuntamientos democráticos -de lo que pronto se cumplirán tres décadas- hasta nuestros días, las ciudades han ido alcanzando de manera simultánea un alto grado de calidad...

el 15 sep 2009 / 19:44 h.

Desde la constitución de los primeros ayuntamientos democráticos -de lo que pronto se cumplirán tres décadas- hasta nuestros días, las ciudades han ido alcanzando de manera simultánea un alto grado de calidad en el gobierno de sus asuntos públicos, y un elevado grado de calidad urbana a todos los niveles. Tanto es así que lo uno y lo otro forman parte de un mismo proceso: el avance del liderazgo urbano.

Desde aquellos primeros ayuntamientos que a duras penas conseguían gestionar los servicios públicos urbanos esenciales (transporte, residuos, vía pública?) a estos ayuntamientos que se marcan proyectos estratégicos ambiciosos, que lideran a otras administraciones a la hora de desarrollarlos, que son claves en las políticas de vivienda y en el resto de políticas sociales, pero que también lideran y promueven el desarrollo económico, que negocian sin complejos con grandes corporaciones internacionales a favor del interés general de sus ciudadanos. Que están siendo capaces de producir, sólo o en compañía de otras administraciones, profundos cambios en el medio ambiente urbano, en la movilidad, en los espacios públicos.

Todo ello es un largo recorrido que se ha realizado en primer lugar porque la ciudadanía ha confiado en las instituciones locales, ha confiado en sus ayuntamientos. Ayuntamientos, gobiernos urbanos, que han ido adquiriendo, recibiendo o asumiendo competencias, casi nunca bien financiadas, pero ante las que casi ninguna ciudad ha vuelto la cara. El estado a escala local, que es lo que somos los ayuntamientos, ha crecido, afortunadamente. Los consejos ortodoxos, de la antigua ortodoxia ahora puesta en duda, que nos hablaban permanentemente de reducción de lo público, de eliminación de servicios públicos, de reducción del gasto público, ahora se demuestran contraproducentes.

Ésta es una ciudad cuyo Gobierno local cree profundamente en el valor del sector público. No en vano somos la única gran ciudad de España que desarrolla toda su actividad de servicios municipales a través de empresas públicas. El agua, los residuos urbanos, la vivienda de protección oficial, el transporte urbano y el resto de servicios que son competencia municipal se desarrollan desde lo público.

Tenemos dificultades económicas y financieras, por supuesto, como todos los gobiernos locales españoles. Pero curiosamente, nuestro endeudamiento por habitante es menor al de otras grandes ciudades que sí han privatizado algunos de sus más importantes servicios públicos. Lo cual contradice desde la evidencia la teoría de que lo público es necesariamente más ineficiente que lo privado.

Así que mientras en otros lugares se privatizan servicios, en Sevilla nos reafirmamos en nuestro compromiso con nuestro sector público municipal: el cual estamos modernizando, tecnificando, haciendo que sea cada vez más útil, más eficaz y más eficiente para la ciudadanía.

En vez de desmontar nuestro sector público, lo estamos reforzando y mejorando. Para ello, por ejemplo, el Gobierno de la ciudad constituyó hace cuatro años la figura de la Agrupación de Interés Económico. Y por eso ahora reforzamos los mecanismos de atención con un sistema de coordinación y respuesta rápida como es el 072. Hay que decir que, en general, el sector público local funciona. En el momento actual, de situación de crisis económica, se ha producido el mayor reconocimiento de la capacidad de gestión municipal de nuestra historia.

Me refiero al plan de creación del Fondo Extraordinario de Inversión Pública en el ámbito local dotado con 8.000 millones de euros que ha aprobado ya el Gobierno de la Nación. Creo que es una acción muy positiva, que será eficaz.

Creo que estas medidas demuestran palpablemente que se está enfrentando la crisis de frente, aplicando lo que siempre hemos pensado, es decir, inversión pública, gasto social, acción del Estado. Quienes se empeñan en seguir pidiendo más desregulación, y menos gasto público, se olvidan de que han sido esas las medidas que nos han llevado a la situación actual. Y, por otro lado, que desde tiempos de Roosvelt y su New Deal, es la inversión pública decidida la única que se demuestra efectiva para frenar el desplome que proviene de la economía financiera. También creo que es una medida que supone el reconocimiento más tangible de la capacidad de los ayuntamientos realizada en la historia reciente. Es una demostración palpable de que el poder local es el más capacitado para poner en marcha una acción inversora pública con carácter de urgencia.

En Sevilla, desde luego, hemos demostrado reiteradamente una capacidad como pocas ciudades últimamente para realizar inversión pública generadora de empleo. Todas las acciones de la segunda modernización de la ciudad puesta en marcha en los últimos años han supuesto la creación de miles de empleos. Ahora es el momento de reforzar nuestro papel, y optar a financiación proveniente del fondo extraordinario de inversión pública en el ámbito local.

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