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Cultura

«Como extranjera me enerva ver cómo la cultura está dominada por los políticos»

ENTREVISTA. Victoria Stapells, mecenas del Teatro de la Maestranza. Investigadora en el Archivo de Indias, empresaria propietaria de la Academia English Language Institute y mecenas del Maestranza en múltiples aspectos.

el 07 jun 2014 / 23:15 h.

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La canadiense Victoria Stapells, fotografiada en la Puerta de Jerez, su barrio, y un lugar muy cercano al Teatro de la Maestranza. / Carlos Hernández La canadiense Victoria Stapells, fotografiada en la Puerta de Jerez, su barrio, y un lugar muy cercano al Teatro de la Maestranza. / Carlos Hernández La pasión de Victoria Stapells por Sevilla es tan elevada que no la frenó ni el encontrarse con un grave problema cuando llegó en calidad de antropóloga a la ciudad en 1976: el castellano antiguo. «¡Tuve que aprenderlo muy rápido, imagínese, una canadiense recién aterrizada y teniendo que desentrañar aquel español!», cuenta al respecto de su primer y traumático encuentro con los legajos conservados en el Archivo de Indias, institución fundamental en su trayectoria. Pero nada la frenó. Tiempo después llegaría la creación de la Academia ELI, que hoy cuenta con una docena de escuelas en Sevilla, y de la que le gusta destacar su «compromiso con la plantilla; tener a los trabajadores felices te garantiza que los alumnos saldrán doblemente beneficiados», indica. Erigida en empresaria de éxito, Stapells nunca abandonó su quehacer como historiadora. Esto le llevó a verse, sin quererlo, en el lado de los malos cuando el conflicto de Odyssey por un pecio español. «Fue un engaño, nos propusieron un trabajo de investigación muy emocionante pero nos dijeron que tenían todos los permisos», rememora. Luego, la empresa estadounidense batalló por llevarse el botín descubierto. «Si para algo sirvió aquello fue para que las cosas hoy estén más controladas». Tanto es así, que al año siguiente el Ministerio de Cultura le encargó un catálogo de barcos hundidos, proyecto que paró la crisis. Por el camino, la maternidad, y la música. Siempre la música. «Viví con enorme emoción la transición española, era una época complicada, pero sacaba tiempo para ir a los pocos conciertos que se daban», reconoce. Bastantes años después llegaría la Expo’92. Y con ella un cambio sustancial. Stapells creyó en el proyecto «desde el primer minuto». Y hoy todavía se emociona al recordar a su hijo de diez años presenciando un ensayo general de Tosca, o a su hija de seis con el osito de peluche entre los brazos escuchando a la rutilante violinista Anne-Sophie Mutter. Sucedió en el Teatro de la Maestranza, un lugar al que esta polifacética mujer se refiere con auténtica delectación. «Creamos la academia en 1980 y no ha parado de crecer. Un día nos paramos y pensamos que teníamos que devolverle a Sevilla una pequeña parte de todo lo que ella nos ha dado a nosotros», dice. Por eso decidió apoyar al coliseo y a la Asociación de Amigos de la Sinfónica de Sevilla (ROSS)y salvaguardar el Ciclo de Música de Cámara. «Los profesores están encantados porque tocar fuera del entorno de la orquesta les enriquece mucho», opina. Con una media de una decena de conciertos por temporada y un 82% de ocupación, el éxito parece haber respondido a su empeño. «Recuerdo con especial cariño cuando hace muy poco tiempo Pedro Halffter, director del teatro, se me acercó y me pidió participar con sus compañeros», comenta. «... Con sus compañeros», enfatiza. «Estoy segura de que él se relaciona mejor por medio de la música que con las palabras», opina sobre el director musical, hoy puesto en entredicho por los músicos de la ROSS y por parte de la clase política andaluza. «Halffter ha hecho historia en Sevilla, ha tenido valentía en programar y ha apostado por títulos que no se habían escuchado en España. Tiene una visión muy europea del hecho artístico», considera. Como ejemplo, «en Toronto, mi lugar de origen y una ciudad mucho más rica que Sevilla, aún no se ha visto La mujer silenciosa de Strauss, y el Anillo del Nibelungo se contempló por primera vez sólo hace dos años». Esto no le impide señalar críticas, «la Orquesta Barroca no puede faltar en la programación y volverá a estar ausente el próximo curso». En la misma línea considera que «no se puede frenar el compromiso con la música contemporánea porque el arte debe abrir horizontes y plantear aventuras». Su autoridad para abordar estos temas se la otorgan, no sólo su tarea como impulsora económica de un ciclo, también su propia formación musical, su labor como crítica operística en dos revistas internacionales y, recientemente, el haberse convertido en la primera mecenas –«colaboradora», prefiere ella– particular del Maestranza y la ROSS. Por si fuera poco, en el futuro presente también se ha comprometido a abrir ambas instituciones al mundo implementando el inglés en sus campañas de promoción al exterior. Entenderá el lector que Victoria Stapells se sienta estos días especialmente afligida con la convocatoria de huelga planteada por los músicos de la Sinfónica que se niegan a que Halffter les continúe dirigiendo. «Me apena especialmente por todos esos pequeños mecenas que se han quitado dinero del bolsillo para depositarlo en este proyecto, no se les puede defraudar», considera. Y confía en que todo llegue a buen término:«Lo ideal, dadas las circunstancias, es que el nuevo director que venga conviva de forma natural con Halffter la próxima temporada», cree. Y pone como cercano ejemplo la elegante e insospechada unión de fuerzas que meses atrás se produjo en el Teatro Real de Madrid con el director saliente, Gerard Mortier, y el entrante, Joan Matabosch, al frente ambos del citado espacio. No tiene en cambio especiales predilecciones por los nombres que puedan venir a ocupar el puesto más codiciado del Maestranza. Entre los grandes reconoce su afinidad con Daniele Gatti, también aprecia la trayectoria imparable de Pablo Heras-Casado, y cree que José RamónEncimar es un director «muy serio y competente». Menos le gusta la posibilidad de que Karel Mark Chichon desembarque en Sevilla:«No se puede llegar a una ciudad como él lo ha hecho; criticando toda la gestión del teatro, y hablando de forma prepotente. Que no haya bajado nunca a este foso también le desacredita en este momento como primera opción», opina. El saberse casi como una observadora internacional le hacen mantener una inteligente distancia: «Como extranjera me pone de los nervios ver cómo en España la cultura está dominada por los políticos que la manejan a su antojo». Y cruza los dedos para que la profecía que Loge, dios del fuego, hace al final de El oro del Rin, no se cumpla en Sevilla:«A su fin se precipitan los que se tienen por fuertes y eternos», recita con wagneriana devoción.

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