Local

'¿Cómo nos piden que formemos en la escuela si los padres no hacen su trabajo?'

Le parecen tímidos todos los discursos que reivindican la educación contra la crisis. Fue ministro de Educación (1981-82), dirigió la Unesco 12 años, fue diputado del Parlamento español y rector de Granada. Considera que, justo ahora, los cambios en la enseñanza deben ser más arriesgados.

el 16 sep 2009 / 02:30 h.

TAGS:

-Usted ha sido ministro de Educación. ¿Cree que las competencias sobre educación y universidades deben gestionarse juntas, como en Madrid, o separadas, como en Andalucía?

-En principio, pienso que lo mejor es que todos los grados educativos estén en el mismo departamento. Pero hay que reconocer que en algunos países ha funcionado esa separación en la que dentro del ámbito de la educación superior prima la aportación al nuevo conocimiento sobre la difusión. Pero también la vieja fórmula funciona.

-¿Y cuál es su opción?

-Sólo pongo una condición: que la educación se trate como una cuestión de gobierno. A mi modo de ver, éstas son cuestiones de Estado, y como tales no importa tanto que estén en un departamento u otro. Hay temas en los que es imprescindible que todos los partidos e ideologías se encuentren y decidan lo que es mejor para el futuro del país. La educación es uno de esos temas. Pero, ya sabe usted lo que sucede: todos a poner trabas, a intentar que prevalezca un sistema sobre otro. Sinceramente, creo que en los últimos años hemos ido a la deriva, incluso con la intromisión de la Iglesia en cuestiones que no le corresponden.

-Griñán ha elegido a alguien con un perfil muy político para dirigir la educación andaluza [Mar Moreno], y Zapatero optó por alguien más academicista, como Gabilondo. ¿Qué le parece más conveniente?

-Gabilondo tiene, no cabe duda, una gran trayectoria docente. Pero la persona que han nombrado en Andalucía puede ser alguien muy abierta a la consulta de la comunidad escolar y así podrá realizar perfectamente su misión. La persona idónea para dirigir la educación es la que sabe escuchar a los maestros.

-La educación fue el motor del discurso de investidura de Griñán y antes también del de Zapatero. ¿Había oído eso antes?

-Sí, muchas veces.

-¿Es tan difícil transformar ese discurso en realidad?

-No, por eso le digo que la educación es un tema que deberíamos dejar al margen, no pensar en las próximas elecciones, sino en las próximas generaciones. La diferencia que hay entre un gobernante y una persona de Estado es que el primero piensa en las próximas elecciones y el segundo en las próximas generaciones. Aún faltan tres años para las urnas, y ahora podemos dejar que se pongan en práctica estos grandes acuerdos en algo tan fundamenta como la educación.

-¿Usted cree que los dos grandes partidos, con visiones tan opuestas sobre la enseñanza, pueden ponerse de acuerdo sobre la escuela del futuro?

-Hombre, claro. Además, oiga, toda crítica debe ir acompañada de propuestas concretas. Ya está bien de descalificar sin proponer alternativas. Yo, por ejemplo, de la educación en Andalucía hay algo que quiero destacar: es pionera, y no sólo en España, de la escuela como espacio de paz. De querer trasladar a todos los estudiantes la convivencia pacífica, la capacidad de mediación en los conflictos, el sentimiento de respeto hacia los demás. Ya son 2.000 centros en toda Andalucía los que forman parte de este gran sistema de Escuela Espacio de Paz. Unas comunidades pueden enriquecerse de otras, en vez de competir. Me duele que las críticas insistan en que hay diferencias entre unas comunidades y otras. Pues claro, las tiene que haber.

-¿Comparte la crítica que asegura que en España hay 17 sistemas educativos distintos?

-No, no es verdad. En absoluto. Se han dicho tantas tonterías, incluso se ha hecho objeción de conciencia a una asignatura (Educación para la Ciudadanía) que debería ser una disciplina casi transversal. La educación es dirigir la propia vida, es emancipación. Ésa es la definición que hizo don Francisco Giner de los Ríos en 1920, lo demás es información e instrucción. Para educar, lo que hay que hacer es liberar, no someter. No entiendo por qué la Iglesia ha estado en contra EpC.

-Mientras no haya un gran acuerdo, ¿qué tienen que hacer los que gestionan la educación, el ministro o la consejera?

-Lo que tienen que hacer es escuchar a los que saben, y los que saben son los maestros, los educadores, los profesores de ESO y de la universidad. Son los que saben. Tenemos un tesoro inmenso. Cuando escucho esas críticas que salen del informe Pisa... el informe Pisa es un informe más, que además tiene muchos defectos, y hay que darle una importancia justa. No se puede juzgar todo el sistema educativo español, incluso haciendo acusaciones contra la calidad de los maestros, sólo por un informe. ¡La calidad de los maestros en general es excelente! Son gente que está dedicada en el alma a hacer que la escuela y la sociedad cumplan su papel.

-¿Todo eso es responsabilidad de un solo maestro?

- Pero, ojo, es que la escuela no es educación. La educación empieza por los padres y sigue en la sociedad. ¿Cómo nos piden que formemos en la escuela cuando los padres no hacen su trabajo? Y me refiero a los padres, no a las madres. Las madres suelen cumplir mucho más que los hombres con la educación de sus hijos. ¿Qué porcentaje de padres van a las reuniones a las que les citan los profesores? En las asociaciones de padres de alumnos ¿Qué porcentaje acude de forma regular a intentar unir sus esfuerzos en la educación de sus hijos?

-¿Escuchaba mucho a los profesores cuando era ministro?

-Y cuando dirigí la Unesco... A mí me ha ido muy bien cuando he consultado a los que saben, a los que se dedican a la enseñanza. Hay ministros que sí que tienen una experiencia muy grande porque han tenido una trayectoria educativa, pero otros no. ¡Que pregunten! Un ministro debe dejarse de tanto experto y asesor, que a veces no tienen ni idea de lo que hay que hacer, y preguntar más a los maestros.

-Estuvo 12 años al frente de la Unesco, ¿descubrió algo en las escuelas europeas que todavía eche en falta en las nuestras?

-Sí, y también descubrí en ellos carencias en cosas que a nosotros nos sobran. La base es la misma. Cuando Jacques Delors era presidente de la Comisión Europea, y yo dirigía la Unesco, le encargué que definiera los grandes principios educativos para el siglo XXI y son los siguientes: aprender a conocer, aprender a hacer y aprender a ser. Ése es el secreto. A escala universitaria, añadiría dos más: aprender a emprender y aprender a atreverse. En la universidad, hay que reconocer que arriesgamos poco.

>>>>> Lea la entrevista completa en la edición impresa de El Correo >>>>>

  • 1