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¡Cómo se lo montan!

Comienza la cuenta atrás, la Calle del Infierno está lista para hacerle pasar un rato de miedo. Los feriantes se preparan para ponerse las botas, esperando que no sean las de agua.

el 10 abr 2010 / 20:13 h.

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"A los ocho días de nacer ya me llevaron mis padres a la Feria." Se ve que el trabajo de feriante es algo que hay que vivir desde pequeñito. Si no, que se lo digan a la propietaria del puesto de hamburguesas, cuya esquinita se ha hecho parada tradicional de la Calle del Infierno de Sevilla. La Tere, la Tartana, la que como el propio rótulo de su quiosco indica: Vende bocadillos como le da la gana. Veinte duros costaba el bocadillo y refresco ya hace unos cuantos años, allá cuando este negocio comenzó a cobrar popularidad entre los jóvenes que, empachados de churros y buñuelos, preferían acabar la noche experimentando con los manjares de la comida rápida. Hoy en día esta receta ronda los tres euros; Tere, la Tartana, a sus 62 años lleva más de 30 recorriendo todas las ferias de Andalucía, acompañada de sus empleados, sus cuatro hijos, y (siempre que el colegio lo permita) de sus nueve nietos. "Somos una gran familia, yo les cocino a diario y les lavo la ropa a cada uno de ellos", explica Tere, a la que se le iluminan los ojos como bombillitas de coches de choque cuando recuerda los gratos momentos que (dice ella) le producen estos festejos.

A sol y sombra (más bien sol porque vaya si hace calor paseando por el Real) trabajan desde hace días cientos de feriantes para que a la gran fiesta de abril no le falte ni un detalle: farolillos, rebujito y un poco de emoción y risas en los míticos cacharritos, que siempre apetece probar después de tanto paseo a caballo, tanto volante y tanta sevillana. Cuadrillas enteras que comen, duermen, se duchan y, en definitiva, pasan su día a día en una caravana a las puertas del Real. Pero no un vehículo cualquiera: en la Feria se ven verdaderos chalets con ruedas. "Aquí se vive mejor que en casa, no tengo ni que convivir con vecinos", comenta entre risas Francisco Rodríguez. La parte negativa del feriante es el tiempo alejado de la familia, por eso en la medida de lo posible "viajo acompañado de mi pareja y mi niño de tres años", explica Rogelio García. Sin embargo, aunque el negocio de las atracciones da para vivir, muchos de estos feriantes prefieren que sus hijos no sigan esta tradición. "Llevo la noria y esta atracción viaja por todas partes de España. Ahora hemos vuelto de Santa Cruz de Tenerife, y aunque pasamos buenos ratos, no quiero que mis hijas tengan un trabajo tan sacrificado; prefiero que estudien una carrera y que tengan otro tipo de salida algo mejor", confiesa Paco Sánchez.

A ritmo de sevillana se acerca la semana grande de la Feria de abril. El esfuerzo y el cansancio, tras tantas horas de montaje, se verán reflejados en las sonrisas y en las carteras de cada visitante; en todo aquel que esté dispuesto a pasear por los rincones de una calle llena de tómbolas, atracciones y dulces.

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