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Cómo ser campanólogo en la Giralda

El mantenimiento del campanario de la Catedral está a cargo de una firma belga.

el 12 jun 2011 / 20:22 h.

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Rony Bongaerts revisa el mecanismo del martillo exterior de una campana.
El sonido de las campanas de la Catedral de Sevilla se puede programar desde Bélgica, a través de un teléfono móvil, pero no suele hacerse: "En España es más importante que hagan ruido que la música", explica el campanólogo Peter Van Droogenbroech, enviado a Sevilla por la empresa belga Clock-O-Matic para la revisión anual de las 26 campanas de la Giralda junto con su compañero Rony Bongaerts.


Experto en campanas, relojes, carriones y otras formas precisas de contar o marcar el tiempo, Van Droogenbroech, acostumbrado a sincronizar los sonidos de los armoniosos relojes belgas, aclara que pocas filigranas sonoras le piden para la Giralda: aunque sus campanas podrían hacer música -tienen tamaños y sonidos distintos que podrían combinarse-, su uso consiste en dar la hora, repicar y, en casos especiales... repicar más fuerte.

No por eso las miman menos: la empresa, puntera en el mundo -sólo en su país realiza el mantenimiento de 5.000 iglesias-, envía a sus trabajadores a Sevilla una semana al año para que revisen los mecanismos que sujetan a estas enormes piezas de hierro fundido, que se distribuyen entre las 24 del campanario y dos en la parte superior, la principal de ellas, la Matraca, encargada de marcar las horas. De las del campanario, 18 son de volteo -un mecanismo de engranaje las hace girar dando la vuelta completa, logrando un sonido característico con toques dobles al golpear el badajo dos veces- y las seis restantes tienen un martillo en el exterior que las golpea.

¿Las revisan por si se rompen? Van Droogenbroech se ríe con la pregunta: No, estas inmensas piezas bautizadas con nombres de santos -inscritos a su alrededor- oscilan entre los 137 kilos de la llamada Santa Cecilia y las 5,6 toneladas de la denominada San Juan Bautista y no, no se teme que se resquebrajen. Pero cuelgan de yunques de madera que hay que revisar para asegurarse de que son estables y están bien sujetos a la pared; tienen badajos en su interior o martillos en el exterior que podrían desprenderse -después de que alguno cayera, ahora llevan una correa extra que lo impediría aunque la unión de la campana y el badajo se rompiera- y tienen ruedas con engranajes para el volteo, que podrían coger holgura y resbalar, lo que haría que la campana no diese la vuelta.

Todo eso lo revisan estos expertos colgándose de las campanas, subiéndose a los yunques -"la gente siempre nos hace fotos desde fuera", vuelve a reírse Van Droogenbroech-, apretando los tornillos con simples destornilladores, cambiando correas o aplicando silicona o aceite donde hace falta. Hay una parte más técnica: las combinaciones de sonidos de las campanas las controla un ordenador, llamado Apollo II, y también hay que revisar las cajas de circuitos y la conexión con el ordenador.

La Giralda tiene programados siete toques diarios y seis semanales que suenan automáticamente todos los días del año, y otra larga lista de toques para determinados periodos, como los Ave Marías y los de Ánimas entre noviembre y marzo y entre abril y octubre. Otros se ordenan de forma manual, como los que marcan la salida, entrada y el paso por la plaza de San Francisco y El Salvador del Corpus ; o los repiques de la procesión de la Virgen de los Reyes , según los datos facilitados por la Catedral .

Tras esta minuciosa revisión, los técnicos vuelven cada tres meses para echar un vistazo y asegurarse de que nada está fuera de sitio. La tarea dura una semana, siempre que todo esté listo cuando llegan, porque Van Droogenbroech cuenta con un asombro muy belga que, por más veces que confirmó la fecha a la empresa, muy andaluza, que debía montar los andamios para alcanzar las campanas, el segundo día de trabajo aún no estaban colocados. "Eso sí, han sido muy simpáticos con nosotros", se reía de nuevo, imbuido de un humor muy español.

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